-Perdoná que no te pude hacer el trámite, mamá, me lo rechazaron porque no habías firmado el documento.
-Pero vos ¿para lo único que sabés falsificar firmas es para boletines escolares?
lunes, 29 de marzo de 2010
jueves, 25 de marzo de 2010
lunes, 15 de marzo de 2010
Un día un australiano podría despertarse y decir:
"Uuuh! Flashamos: nos colgamos con el proceso de emancipación nacional".
Y sin embargo, se van a dormir tan sufragáneos.
sábado, 13 de marzo de 2010
Orsi acapara el blog. García huye. Anita Leporina lee
Había una vez una página en blanco.
Este post termina acá.
Pero sigue.
Se impone la obligación de ser narrativo y no bardearla.
Eventualmente, se olvida de sus obligaciones.
Este post termina acá.
Pero sigue.
Se impone la obligación de ser narrativo y no bardearla.
Eventualmente, se olvida de sus obligaciones.
sábado, 6 de marzo de 2010
El reino interior
Tras una larga mañana tramitando la renovación de su licencia de conducir, a Orsi le es dado acceder a algunas verdades sobre su persona. Con sangre endometrial, Orsi escribe:
Odio a las embarazadas. A todas. No, no son tiernas. Son unas hijas de puta que se cuelan en bancos, exámenes finales, la obra social, restaurantes, etc., etc.. Quiere alguien explicarme el argumento por el cual una persona que hace algunos meses tuvo sexo sin hacer uso de métodos anticonceptivos tiene más derechos que yo?
Por los motivos antes expuestos, me propongo ser -cuando me preñen- "La Embarazada más Copada del Mundo"...
Inútil que me cedas el asiento en el colectivo, voy a viajar parada.
Fumame al lado, no hay drama (cuánto más nocivo para el feto es respirar el plomo expedido por el escape de los autos mientras su madre camina por la ciudad -¿o acaso se van a vivir nueve meses al campo las muy hijas de puta?).
La copadez por antonomasia me la dará el hecho de que voy a estar dispuesta a golpear a cualquiera. Todos sabemos que no hay nada más copado que una embarazada que caga a palos a la gente.
El único antojo que voy a tener es destrozarle los dientes a puntapiés al que me diga: "Ay, qué liiiindo, estás esperando un bebito" . O sea... tengo gente en el cuerpo, no es que soy retardada, no me hablés como si estuviera en la etapa holofrástica.
Y cuando esté llena de placenta y carne de embrión (tipo 8-9 meses) aceptaré toda clase de apuestas: ¿que si me animo a tirarme desde el techo del quincho a la pileta? La doblo: te caigo bomba en la parte bajita.
Orsi deja la uterina pluma, se prende un Gitanes. Agarra el control de la TV y sintoniza Chacarita-Gimnasia.
Agitando la mano para alejarse el humo de la cara, García le dice:
-Ponelo en miud que el relator no me permite captar la sonoridad de los alejandrinos polirrítmicos de Darío.
-¿En mute? Pierde todo el encanto.
Anita Leporina intercede:
-¿Por qué no lo vas a ver al bar de la estación?
-Buena idea, ahí venden una caña paraguaya que es la gloria.
Odio a las embarazadas. A todas. No, no son tiernas. Son unas hijas de puta que se cuelan en bancos, exámenes finales, la obra social, restaurantes, etc., etc.. Quiere alguien explicarme el argumento por el cual una persona que hace algunos meses tuvo sexo sin hacer uso de métodos anticonceptivos tiene más derechos que yo?
Por los motivos antes expuestos, me propongo ser -cuando me preñen- "La Embarazada más Copada del Mundo"...
Inútil que me cedas el asiento en el colectivo, voy a viajar parada.
Fumame al lado, no hay drama (cuánto más nocivo para el feto es respirar el plomo expedido por el escape de los autos mientras su madre camina por la ciudad -¿o acaso se van a vivir nueve meses al campo las muy hijas de puta?).
La copadez por antonomasia me la dará el hecho de que voy a estar dispuesta a golpear a cualquiera. Todos sabemos que no hay nada más copado que una embarazada que caga a palos a la gente.
El único antojo que voy a tener es destrozarle los dientes a puntapiés al que me diga: "Ay, qué liiiindo, estás esperando un bebito" . O sea... tengo gente en el cuerpo, no es que soy retardada, no me hablés como si estuviera en la etapa holofrástica.
Y cuando esté llena de placenta y carne de embrión (tipo 8-9 meses) aceptaré toda clase de apuestas: ¿que si me animo a tirarme desde el techo del quincho a la pileta? La doblo: te caigo bomba en la parte bajita.
Orsi deja la uterina pluma, se prende un Gitanes. Agarra el control de la TV y sintoniza Chacarita-Gimnasia.
Agitando la mano para alejarse el humo de la cara, García le dice:
-Ponelo en miud que el relator no me permite captar la sonoridad de los alejandrinos polirrítmicos de Darío.
-¿En mute? Pierde todo el encanto.
Anita Leporina intercede:
-¿Por qué no lo vas a ver al bar de la estación?
-Buena idea, ahí venden una caña paraguaya que es la gloria.
domingo, 28 de febrero de 2010
Capacidad limitada
Tres alfajores Shot y una Coca Zero, eso me vendría bien para cargar energías y seguir viaje. Mi abuela Juana quiere orinar. Pongo el guiñe y dejo la autopista.
La YPF está abarrotada. Es una de esas que tienen una cafetería para comprar golosinas importadas, con azulejos limpios y café en vasos de telgopor. Esperamos.
Mi abuela no se impacienta, quizá ya olvidó que estamos haciendo fila para estacionar y que vaya al baño. Quizá ella cree que estamos en camino. A fin de cuentas es igual, pura espera.
Sin avanzar un solo centímetro seguimos en la fila de autos. Mi abuela levanta la mano con lentitud, veo los nudillos hinchados. Señala. Frente a la puerta del drugstore hay un espacio libre para estacionar, marcado en el piso con pintura amarilla y un cartel que dice "Reservado para discapacitados".
La miro, sonríe.
-Decile al empleado que necesitás el espacio para tu abuela agonizante. Yo me encargo del resto.
Obedezco y me bajo del auto. Me acerco a un playero esforzando mi cara de turbación.
-Hola ¿Qué tal? Mirá, en ese auto llevo a una persona con... (incremento el gesto de turbación un 70%)... dificultades. ¿Podría estacionar en aquel espacio?
-Por supuesto. Está para eso. Esperame que le pido a esas camionetas que se corran y estacionás.
-Gracias.
El chico se saca la gorrita y les hace señas a dos conductores. Ambos bajan el vidrio y empiezan a discutir con el playero.
Me subo al auto.
-¿Qué te parece así, querida? -veo que mi abuela quiebra el cuello, entreabre la boca y agita los brazos pegados al cuerpo con movimientos cortos, ensaya convulsiones.
Sospecho que, en realidad, la actuación la rejuvenece.
-No, no te preocupes, no hagas nada. No creo que ni siquiera nos miren cuando bajemos.
Con el camino ya despejado, avanzo despacio esquivando coches y gente y estaciono frente al negocio.
Después de bajar del auto y dar la vuelta, abro la puerta del acompañante para ayudar a mi abuela a salir, como siempre.
Cierro la puerta, subimos despacio a la veredita. Entonces escucho de atrás:
-Ah, es una persona mayor -el playero nos inspecciona de arriba abajo.
Yo: Sí, es una persona grande y tiene dificultades para caminar, es muy mayor. Por suerte la puerta del baño está acá nomás.
Playero: Bueno, abuela, trate de hacer rápido, porque en cualquier momento puede venir alguien en silla de ruedas y pedirme el lugar.
Juana: Más abuela será tu abuela. (Juana detesta que la llamen "abuela")
Yo: No hay que preocuparse -la interrumpo rápido, el odio le da un aire de vitalidad que no nos conviene-; si aparece alguien con una dificultad mayor nos organizaremos de alguna manera.
Playero: Ah, ¿y cómo nos vamos a organizar?
(La nona y yo cruzamos miradas.)
Yo: Y bueno... hay que ver quién necesita más el espacio; quién tiene más problemas...Como un concurso para el espacio de discapacitado. Me parece lo más justo, ¿no?
Playero: Y... sí.
Juana: Yo diría que si viene un ciego tartamudo hay que cederle el espacio, lo merece.
Yo: Sin lugar a dudas. ¿Y qué sucedería con un mogólico rengo?
Juana: Ah, no. Mogólico rengo mata ciego tartamudo.
Yo: Es claro.
Juana: Habría que ver el caso de un hemipléjico con enfermedad terminal...
Yo: Y... depende de cuántos órganos tenga tomados por el cáncer. El tema es si junto con él aparece un autista esguinzado.
Juana: Fácil. Es como sucede en el póker con los valores del color y el full dependiendo de la cantidad de jugadores. Si hay más de cuatro coches disputando el lugar, gana el hemipléjico canceroso. De lo contrario va el autista.
Yo: Perfecto. Nos queda determinar una serie de oscuras malformaciones...
Playero: Vayan, vayan. No hay drama.
Dejamos atrás al chico de la Shell y caminamos del brazo hacia el baño.
Ya sentadas en el patio de comidas del drugstore, tomando gaseosa dietética y saboreando los alfajores, mi abuela me comenta con la mirada perdida en la playa de estacionamiento que rebalsa de autos:
-Ese muchacho... tenía algunas dificultades, ¿no?
La YPF está abarrotada. Es una de esas que tienen una cafetería para comprar golosinas importadas, con azulejos limpios y café en vasos de telgopor. Esperamos.
Mi abuela no se impacienta, quizá ya olvidó que estamos haciendo fila para estacionar y que vaya al baño. Quizá ella cree que estamos en camino. A fin de cuentas es igual, pura espera.
Sin avanzar un solo centímetro seguimos en la fila de autos. Mi abuela levanta la mano con lentitud, veo los nudillos hinchados. Señala. Frente a la puerta del drugstore hay un espacio libre para estacionar, marcado en el piso con pintura amarilla y un cartel que dice "Reservado para discapacitados".
La miro, sonríe.
-Decile al empleado que necesitás el espacio para tu abuela agonizante. Yo me encargo del resto.
Obedezco y me bajo del auto. Me acerco a un playero esforzando mi cara de turbación.
-Hola ¿Qué tal? Mirá, en ese auto llevo a una persona con... (incremento el gesto de turbación un 70%)... dificultades. ¿Podría estacionar en aquel espacio?
-Por supuesto. Está para eso. Esperame que le pido a esas camionetas que se corran y estacionás.
-Gracias.
El chico se saca la gorrita y les hace señas a dos conductores. Ambos bajan el vidrio y empiezan a discutir con el playero.
Me subo al auto.
-¿Qué te parece así, querida? -veo que mi abuela quiebra el cuello, entreabre la boca y agita los brazos pegados al cuerpo con movimientos cortos, ensaya convulsiones.
Sospecho que, en realidad, la actuación la rejuvenece.
-No, no te preocupes, no hagas nada. No creo que ni siquiera nos miren cuando bajemos.
Con el camino ya despejado, avanzo despacio esquivando coches y gente y estaciono frente al negocio.
Después de bajar del auto y dar la vuelta, abro la puerta del acompañante para ayudar a mi abuela a salir, como siempre.
Cierro la puerta, subimos despacio a la veredita. Entonces escucho de atrás:
-Ah, es una persona mayor -el playero nos inspecciona de arriba abajo.
Yo: Sí, es una persona grande y tiene dificultades para caminar, es muy mayor. Por suerte la puerta del baño está acá nomás.
Playero: Bueno, abuela, trate de hacer rápido, porque en cualquier momento puede venir alguien en silla de ruedas y pedirme el lugar.
Juana: Más abuela será tu abuela. (Juana detesta que la llamen "abuela")
Yo: No hay que preocuparse -la interrumpo rápido, el odio le da un aire de vitalidad que no nos conviene-; si aparece alguien con una dificultad mayor nos organizaremos de alguna manera.
Playero: Ah, ¿y cómo nos vamos a organizar?
(La nona y yo cruzamos miradas.)
Yo: Y bueno... hay que ver quién necesita más el espacio; quién tiene más problemas...Como un concurso para el espacio de discapacitado. Me parece lo más justo, ¿no?
Playero: Y... sí.
Juana: Yo diría que si viene un ciego tartamudo hay que cederle el espacio, lo merece.
Yo: Sin lugar a dudas. ¿Y qué sucedería con un mogólico rengo?
Juana: Ah, no. Mogólico rengo mata ciego tartamudo.
Yo: Es claro.
Juana: Habría que ver el caso de un hemipléjico con enfermedad terminal...
Yo: Y... depende de cuántos órganos tenga tomados por el cáncer. El tema es si junto con él aparece un autista esguinzado.
Juana: Fácil. Es como sucede en el póker con los valores del color y el full dependiendo de la cantidad de jugadores. Si hay más de cuatro coches disputando el lugar, gana el hemipléjico canceroso. De lo contrario va el autista.
Yo: Perfecto. Nos queda determinar una serie de oscuras malformaciones...
Playero: Vayan, vayan. No hay drama.
Dejamos atrás al chico de la Shell y caminamos del brazo hacia el baño.
Ya sentadas en el patio de comidas del drugstore, tomando gaseosa dietética y saboreando los alfajores, mi abuela me comenta con la mirada perdida en la playa de estacionamiento que rebalsa de autos:
-Ese muchacho... tenía algunas dificultades, ¿no?
lunes, 22 de febrero de 2010
En el hipermercado
noté que el amor también consiste en retener
;
espié la marrón intimidad de unos seres vivos
y el cadáver de un cerdo me invitó a tomar una copa
.
Después sospeché que un pez había visto su imagen reflejada unos segundos antes
(si fuera pez, el día de mi muerte me gustaría que me enterraran en hielo, entre Orsi y Minaya
).
En otra sección, unos resortes anaranjados se comprimían y brillaban sin estrangularse
,
mientras un hermoso señor con esclerosis múltiple era empujado por su hija hacia la góndola de alimentos en conserva
.
En fin,
hay la agresividad de los mataderos, la violencia de las bolsas plásticas, la barbarie de los asados de comienzo de año. Y hay el cordero que resiste
.
Todo puede sonreír
.
;
espié la marrón intimidad de unos seres vivos
y el cadáver de un cerdo me invitó a tomar una copa
.
Después sospeché que un pez había visto su imagen reflejada unos segundos antes
(si fuera pez, el día de mi muerte me gustaría que me enterraran en hielo, entre Orsi y Minaya
).
En otra sección, unos resortes anaranjados se comprimían y brillaban sin estrangularse
,
mientras un hermoso señor con esclerosis múltiple era empujado por su hija hacia la góndola de alimentos en conserva
.
En fin,
hay la agresividad de los mataderos, la violencia de las bolsas plásticas, la barbarie de los asados de comienzo de año. Y hay el cordero que resiste
.
Todo puede sonreír
.
miércoles, 17 de febrero de 2010
domingo, 14 de febrero de 2010
sábado, 9 de enero de 2010
Desde las profundidades...
...Anita Leporina saluda a sus lectores...

By anitaleporina at 2009-12-31
...se despide hasta dentro de unos días y continúa en su empresa de pispear la vagina de una sirena.
By anitaleporina at 2009-12-31
...se despide hasta dentro de unos días y continúa en su empresa de pispear la vagina de una sirena.
martes, 29 de diciembre de 2009
Cambio de aire
En esta vida hay cosas muy misteriosas. Cosas que no se dejan explicar por más que especialistas y discipinas extremen esfuerzos. Ante esta oscuridad, a la especie humana sólo le queda fabricar relatos que pasan de generación en generación hasta llamarse verdades. También hay las tretas analíticas y las fintas racionalizadoras que se proponen desentrañar estos misterios, pero la incógnita sigue allí, indescifrable. De todos estos enigmas el más insondable para mí es: cómo funcionan los autos.
Uno mete la llave, da vuelta y el auto se enciende. Magia.
Padre impuso el mandato:
"Si van a irse de vacaciones con el auto, tienen que ver que esté todo en orden. Por lo pronto, tienen que cambiar el filtro de aire."
Así que fuimos Minaya y yo a satisfacer el orden/la orden de mi padre.
Bien temprano nos subimos al auto y llegamos hasta la esquina de 8 y 66, donde se levantaba "El palacio de los filtros".
Nos escurrimos por entre la muralla que rodeaba el negocio. Nadie se ofreció a bajarnos el puente levadizo.
Adentro había olores. Hacía calor. Entre la oscuridad se destacaba la magnificencia de las estanterías llenas de aparatos con cables y de baterías.
Hojeando una revista de turf, con el codo sobre el mostrador, se encontraba en toda su gallardía el Príncipe del Filtro.
No me venció el pudor. Minaya quedó a un costado. Yo avancé genuflexa, pero siempre firme de ímpetu:
-Busco un filtro de aire.
Mis palabras hallaron eco en los depuradores metálicos de aceite.
Su Alteza callaba.
Repetí mi mensaje heráldico. Sus dedos de sangre azul y manchas de grasa pasaron a la hoja del programa de Palermo. Ni me miraba siquiera.
Mi espíritu se agitaba ¿Mediante el olvido de qué ceremonial es que yo estaba ofendiendo a su Majestad? ¿Por qué no me respondía? Quizás no fuesen meras cuestiones de etiqueta. No,
claro: Dios me ha dado una concha y -como conclusión fruto de una lógica impecable- este señor está en todo tu derecho de no hablarme y desmerecerme como ser humano.
Unos metros más allá, Minaya -seguramente ignorante de las normas del protocolo palaciego- tenía sus propios problemas. Quizá evitando caer en la fosa de rulemanes que se apilaban contra la vidriera, trastabilló hacia atrás. En el vaivén dibujado por el recorrido de su figura golpeó con su espalda a un caballero corpulento, de un metro ochenta, que se rascaba la oreja con el dedo meñique.
-Ay, perdón -atinó a decir la muchacha.
El cortesano del filtro recompuso el decoro inmediatamente: "No,`ta bien. Si con ese culo me voy a dormir y me levanto de nuevo."
Se hacía evidente que Minaya y yo no superábamos los mecanismos de depuración del grupo.
Apoyé las manos sobre el mostrador y procuré que mi anular tapara los resultados de la novena carrera.
-Busco un filtro de aire.
-¿Auto?
-Peugeot 206.
-¿Naftero?
-Sí.
El soberano abandonó el trono y se acercó a un estante.
-¿Modelo? -preguntó sin girar el cuello.
-Peugeot 206.
-No. Modelo -sus dedos grises acariciaron una pila de cajas.
-Y... redondito.
-El año de fabricación -esta vez se volteó y me miró con los ojos bien abiertos.
-Ahhh, 2007.
Puso la caja sobre el mostrador. Minaya pagó.
Con el filtro de aire bajo el brazo nos fuimos mirando al frente, sin trompetas que anunciaran nuestra salida.
Uno mete la llave, da vuelta y el auto se enciende. Magia.
Padre impuso el mandato:
"Si van a irse de vacaciones con el auto, tienen que ver que esté todo en orden. Por lo pronto, tienen que cambiar el filtro de aire."
Así que fuimos Minaya y yo a satisfacer el orden/la orden de mi padre.
Bien temprano nos subimos al auto y llegamos hasta la esquina de 8 y 66, donde se levantaba "El palacio de los filtros".
Nos escurrimos por entre la muralla que rodeaba el negocio. Nadie se ofreció a bajarnos el puente levadizo.
Adentro había olores. Hacía calor. Entre la oscuridad se destacaba la magnificencia de las estanterías llenas de aparatos con cables y de baterías.
Hojeando una revista de turf, con el codo sobre el mostrador, se encontraba en toda su gallardía el Príncipe del Filtro.
No me venció el pudor. Minaya quedó a un costado. Yo avancé genuflexa, pero siempre firme de ímpetu:
-Busco un filtro de aire.
Mis palabras hallaron eco en los depuradores metálicos de aceite.
Su Alteza callaba.
Repetí mi mensaje heráldico. Sus dedos de sangre azul y manchas de grasa pasaron a la hoja del programa de Palermo. Ni me miraba siquiera.
Mi espíritu se agitaba ¿Mediante el olvido de qué ceremonial es que yo estaba ofendiendo a su Majestad? ¿Por qué no me respondía? Quizás no fuesen meras cuestiones de etiqueta. No,
claro: Dios me ha dado una concha y -como conclusión fruto de una lógica impecable- este señor está en todo tu derecho de no hablarme y desmerecerme como ser humano.
Unos metros más allá, Minaya -seguramente ignorante de las normas del protocolo palaciego- tenía sus propios problemas. Quizá evitando caer en la fosa de rulemanes que se apilaban contra la vidriera, trastabilló hacia atrás. En el vaivén dibujado por el recorrido de su figura golpeó con su espalda a un caballero corpulento, de un metro ochenta, que se rascaba la oreja con el dedo meñique.
-Ay, perdón -atinó a decir la muchacha.
El cortesano del filtro recompuso el decoro inmediatamente: "No,`ta bien. Si con ese culo me voy a dormir y me levanto de nuevo."
Se hacía evidente que Minaya y yo no superábamos los mecanismos de depuración del grupo.
Apoyé las manos sobre el mostrador y procuré que mi anular tapara los resultados de la novena carrera.
-Busco un filtro de aire.
-¿Auto?
-Peugeot 206.
-¿Naftero?
-Sí.
El soberano abandonó el trono y se acercó a un estante.
-¿Modelo? -preguntó sin girar el cuello.
-Peugeot 206.
-No. Modelo -sus dedos grises acariciaron una pila de cajas.
-Y... redondito.
-El año de fabricación -esta vez se volteó y me miró con los ojos bien abiertos.
-Ahhh, 2007.
Puso la caja sobre el mostrador. Minaya pagó.
Con el filtro de aire bajo el brazo nos fuimos mirando al frente, sin trompetas que anunciaran nuestra salida.
viernes, 25 de diciembre de 2009
Breve discurso de una hija de puta.
Dulcemente
soy feliz:
imagino
que le hago zancadillas
a mi enemigo
bajando las escaleras.
Y tropieza.
Rodando se da
ese escalón
en la nuca
y se mata. Fin.
soy feliz:
imagino
que le hago zancadillas
a mi enemigo
bajando las escaleras.
Y tropieza.
Rodando se da
ese escalón
en la nuca
y se mata. Fin.
sábado, 19 de diciembre de 2009
Suturas
García discute con su novio.
García: Quiero que tires este calzoncillo.
Leandro: No, ese no.
García: Tiene más agujeros que tela.
Leandro: No lo voy a tirar, es mi preferido.
García: Mirá si, mientras lo estás usando, ocurre un accidente y te llevan al hospital. Te van a desvestir. Van a ver que tenés la ropa interior hecha un trapo.
Leandro: ¿Y?
García: ...
Aquella tarde, a García le agujerearon las vigas más sólidas de su andamiaje cívico.
García: Quiero que tires este calzoncillo.
Leandro: No, ese no.
García: Tiene más agujeros que tela.
Leandro: No lo voy a tirar, es mi preferido.
García: Mirá si, mientras lo estás usando, ocurre un accidente y te llevan al hospital. Te van a desvestir. Van a ver que tenés la ropa interior hecha un trapo.
Leandro: ¿Y?
García: ...
Aquella tarde, a García le agujerearon las vigas más sólidas de su andamiaje cívico.
martes, 15 de diciembre de 2009
sábado, 12 de diciembre de 2009
Conciencia crítica.
Desde el fondo de mi noble corazón envidio profundamente a toda aquella gente que tiene sueños complejos y enigmáticos.
Yo ayer soñe que iba a comprarme maquillaje. Entraba al negocio, me probaba el rimmel y me lo llevaba a casa previo "sí, dame este" y consiguiente abono por el producto.
Fin.
Me parece que mi psiquis se podría poner un poquito más las pilas.
Yo ayer soñe que iba a comprarme maquillaje. Entraba al negocio, me probaba el rimmel y me lo llevaba a casa previo "sí, dame este" y consiguiente abono por el producto.
Fin.
Me parece que mi psiquis se podría poner un poquito más las pilas.
domingo, 6 de diciembre de 2009
En la venta de garage.
Vendedora: ¿Por qué no te fijás ese juego de dedales de porcelana siamesa? Por ahí hay algo que te puede llegar a interesar...
Anita: No, está bien. Me llevo las zapatos rosados taco-aguja y el Scrabble.
Anita: No, está bien. Me llevo las zapatos rosados taco-aguja y el Scrabble.
lunes, 16 de noviembre de 2009
Mujercitas
El sábado a la mañana empezaba fútbol. Había que estar a las once menos cinco en el club.
Short negro, musculosa anaranjada, medias hasta la rodilla haciendo juego, vendas para pagar derecho de pasto, todo quedó intacto y prolijo adentro de la cartera.
Me desperté pasado el mediodía. Al bajar las escaleras Minaya me esperaba en la cocina, tomando en vaso de trago largo un licuado de maracuyá.
Por entre el vidrio biselado y el paragüitas de plástico vio cómo me limpiaba el rimmel con el dorso de la mano y buscaba un Sertal Compuesto. Detrás de mi nuca resonó el sorbido final amplificado por la pajita.
A veces hablamos para atajar reproches:
-Falté al entrenamiento -la miré apoyar el vaso vacío sobre la mesada, meneaba la cabeza.
-Así nunca vas a conseguir novia.

Short negro, musculosa anaranjada, medias hasta la rodilla haciendo juego, vendas para pagar derecho de pasto, todo quedó intacto y prolijo adentro de la cartera.
Me desperté pasado el mediodía. Al bajar las escaleras Minaya me esperaba en la cocina, tomando en vaso de trago largo un licuado de maracuyá.
Por entre el vidrio biselado y el paragüitas de plástico vio cómo me limpiaba el rimmel con el dorso de la mano y buscaba un Sertal Compuesto. Detrás de mi nuca resonó el sorbido final amplificado por la pajita.
A veces hablamos para atajar reproches:
-Falté al entrenamiento -la miré apoyar el vaso vacío sobre la mesada, meneaba la cabeza.
-Así nunca vas a conseguir novia.

domingo, 15 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
La máscara autobiográfica
Algo que siempre me he preguntado es si éste, mi devenir lepórido, tiene acaso un origen mitológico o, por el contrario, si se trata de una continuidad ya congénita, ya esencial a mi ser.
Abandono la primera hipótesis hasta la madrugada en que me pinte fabricar una cosmogonía. Quedo al acecho, entonces, de alguna respuesta ante la pregunta por el sentido leporino de mi posible relato autobiográfico.
Si hay una cosa que expone a las personas es el disfraz. El acto de elección de un disfraz habla de vos con una claridad concreta, visible en cada pliegue de papel crep, en cada centímetro del plástico de cotillón. El disfraz, lejos de ocultar a la persona que lo usa, la descubre, la denuncia ridícula, escandalosamente.
La gordita con disfraz de colegiala quiere guerra, no hay nada que hacerle. El chabón que fue de jugador de fútbol necesita por un momento la atención de todos, un único momento en el que se confirme que Nosotros lo aceptamos; porque no, no podría soportar que se rían de él, que le digan "qué desubicado". Pasado ese momento de atención que lo redime, quiere tener perfil bajo. Por su parte, la divorciada que va de odalisca cree que está más buena de lo que su ex-marido pensaba. Etcétera.
Las fiestas de disfraces son el escenario elegido en el capítulo autobiográfico de hoy. Rastrear el devenir leporino de una existencia es, justamente, la caza de conejos que estamos iniciando.
.....
Cierto día en la colonia de vacaciones se convocó a una fiesta de disfraces que daría por concluido el verano .
Así es que la niña Anita tuvo que pensar de qué se disfrazaría. No lo dudó mucho, eligió el motivo del disfraz y su padre se lo fabricó. Aquel día lo lució con orgullo:

Entre los niños que charlan y juegan felices estoy yo, Anita Leporina, disfrazada de Cabina Telefónica.
Reflexionémoslo con la propiedad que el acontecimiento merece: YO ERA UNA FUCKIN` CABINA TELEFÓNICA.

¿Qué clase de niño elige un disfraz así?¿Qué idea pasaba por mi mente?¿Qué clase de padre construye para su niña tal artificio? (Esa respuesta la sé: uno muy groso).
Me acuerdo vivamente del calor. Me acuerdo del desfile de disfraces: de balancearme como si estuviera bailando, bailando en una caja. Mecer esa estructura a un lado y otro: un gesto de acercamiento al mundo.
Pero no fue todo soledad, recuerdo cierta interacción. Hubo quien se me acercó, agarró el tubo y, tras fingir que marcaba un número, jugó a que llamaba por teléfono. Yo, adentro de la caja, no sabía cómo reaccionar. Dejé que hiciera, desde mi tibia oscuridad.
En definitiva la pregunta es ¿Qué dice de mí ese disfraz?: ¿que me encantaba jugar y charlar con mis compañeritos? Obviamente, no (véase foto nº1).
En este punto creo que ya ingresé al corazón de la narrativa autobiográfica, la cual funciona -en mi opinión- a partir de un motor fundamental, el mandato al lector: Júzguenme!!!: ¿Soy normal?
Continúo con mi relato confesional a ver si se asoma la presa, la punta de unas orejitas blancas.
Gané el primer premio de ese concurso de disfraces. Quizá algún ex-compañero recuerde aún hoy el desfile, el balanceo de la cabina.
Años después, yo había mejorado mucho. Aquí me tienen a la edad de 9 años en otra fiesta de disfraces:

De derecha a izquierda: un gauchito, un vagabundo, la chilindrina con un globo, un hada, una hawaiana y en el extremo izquierdo, yo, disfrazada de La Muerte Segadora. *
Una niña de 9 años. La muerte. Qué bonito, qué bonito.
Este concurso no lo gané, pero lo importante es que el blanco ya está en la mira, no tiene donde esconderse.
La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada.
Ahora mismo pienso en el disfraz que voy a usar en la próxima fiesta de disfraces que tenga. No sé cuál será, pero ya he decidido que tendrá como principal accesorio un falo gigantesco. Así que, papá, si estás leyendo esto...
----------------------------------------------------------------------------------------
* Ah, en el centro, con indiscutible vocación de diva intergaláctica, Minaya (nada menos) representando a la Estatua de la libertad (otro disfraz confeccionado por mi padre).
Abandono la primera hipótesis hasta la madrugada en que me pinte fabricar una cosmogonía. Quedo al acecho, entonces, de alguna respuesta ante la pregunta por el sentido leporino de mi posible relato autobiográfico.
Si hay una cosa que expone a las personas es el disfraz. El acto de elección de un disfraz habla de vos con una claridad concreta, visible en cada pliegue de papel crep, en cada centímetro del plástico de cotillón. El disfraz, lejos de ocultar a la persona que lo usa, la descubre, la denuncia ridícula, escandalosamente.
La gordita con disfraz de colegiala quiere guerra, no hay nada que hacerle. El chabón que fue de jugador de fútbol necesita por un momento la atención de todos, un único momento en el que se confirme que Nosotros lo aceptamos; porque no, no podría soportar que se rían de él, que le digan "qué desubicado". Pasado ese momento de atención que lo redime, quiere tener perfil bajo. Por su parte, la divorciada que va de odalisca cree que está más buena de lo que su ex-marido pensaba. Etcétera.
Las fiestas de disfraces son el escenario elegido en el capítulo autobiográfico de hoy. Rastrear el devenir leporino de una existencia es, justamente, la caza de conejos que estamos iniciando.
.....
Cierto día en la colonia de vacaciones se convocó a una fiesta de disfraces que daría por concluido el verano .
Así es que la niña Anita tuvo que pensar de qué se disfrazaría. No lo dudó mucho, eligió el motivo del disfraz y su padre se lo fabricó. Aquel día lo lució con orgullo:

Entre los niños que charlan y juegan felices estoy yo, Anita Leporina, disfrazada de Cabina Telefónica.
Reflexionémoslo con la propiedad que el acontecimiento merece: YO ERA UNA FUCKIN` CABINA TELEFÓNICA.

¿Qué clase de niño elige un disfraz así?¿Qué idea pasaba por mi mente?¿Qué clase de padre construye para su niña tal artificio? (Esa respuesta la sé: uno muy groso).
Me acuerdo vivamente del calor. Me acuerdo del desfile de disfraces: de balancearme como si estuviera bailando, bailando en una caja. Mecer esa estructura a un lado y otro: un gesto de acercamiento al mundo.
Pero no fue todo soledad, recuerdo cierta interacción. Hubo quien se me acercó, agarró el tubo y, tras fingir que marcaba un número, jugó a que llamaba por teléfono. Yo, adentro de la caja, no sabía cómo reaccionar. Dejé que hiciera, desde mi tibia oscuridad.
En definitiva la pregunta es ¿Qué dice de mí ese disfraz?: ¿que me encantaba jugar y charlar con mis compañeritos? Obviamente, no (véase foto nº1).
En este punto creo que ya ingresé al corazón de la narrativa autobiográfica, la cual funciona -en mi opinión- a partir de un motor fundamental, el mandato al lector: Júzguenme!!!: ¿Soy normal?
Continúo con mi relato confesional a ver si se asoma la presa, la punta de unas orejitas blancas.
Gané el primer premio de ese concurso de disfraces. Quizá algún ex-compañero recuerde aún hoy el desfile, el balanceo de la cabina.
Años después, yo había mejorado mucho. Aquí me tienen a la edad de 9 años en otra fiesta de disfraces:

De derecha a izquierda: un gauchito, un vagabundo, la chilindrina con un globo, un hada, una hawaiana y en el extremo izquierdo, yo, disfrazada de La Muerte Segadora. *
Una niña de 9 años. La muerte. Qué bonito, qué bonito.
Este concurso no lo gané, pero lo importante es que el blanco ya está en la mira, no tiene donde esconderse.
La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada.
Ahora mismo pienso en el disfraz que voy a usar en la próxima fiesta de disfraces que tenga. No sé cuál será, pero ya he decidido que tendrá como principal accesorio un falo gigantesco. Así que, papá, si estás leyendo esto...
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* Ah, en el centro, con indiscutible vocación de diva intergaláctica, Minaya (nada menos) representando a la Estatua de la libertad (otro disfraz confeccionado por mi padre).
domingo, 8 de noviembre de 2009
Un alto en el estudio del Poscolonialismo
García haciendo zapping: "Hay demasiadas películas en el mundo que tienen que ajustar la verosimilitud de las escenas de lluvia."
Con la mirada fija en los bigotes de Robert Duvall, Orsi asiente: "Un género cinematográfico que suele amenizar la tarde de los domingos: las películas de poker."
Con la mirada fija en los bigotes de Robert Duvall, Orsi asiente: "Un género cinematográfico que suele amenizar la tarde de los domingos: las películas de poker."
domingo, 1 de noviembre de 2009
Mischwesen kalé
Un mundo sin Shiloh es un mundo menos bello.
"Du stakkels lille havfrue har med hele dit hjerte stræbt efter det samme, som vi, du har lidt og tålt, hævet dig til luftåndernes verden, nu kan du selv gennem gode gerninger skabe dig en udødelig sjæl om tre hundrede år"
H. C. Andersen, "Den Lille Havfrue"
H. C. Andersen, "Den Lille Havfrue"
viernes, 30 de octubre de 2009
El regreso del padre.
Se acaba la ausencia del padre después de un largo viaje. Minaya, Anita y su madre se liman las uñas en el living.
Se abre la puerta de entrada. Dos valijas gigantes se asoman y atrás, con un sombrero Philip Marlowe, Papá.
Las tres mujeres corren hacia la puerta, adelantan los brazos, separan los dedos; las uñas afiladas brillan: el esmalte de acrílico beige, rojo, negro. El hombre retrocede ante la estampida femenina, se cubre la cara con las brazos en cruz. Finalmente los separa estallando en ademán de arquero que está a punto de atajarle un penal al Enola Gay. Se oye el grito último:
"¡¡¡No les traje nada!!!"
Papá no da rebote.
Se abre la puerta de entrada. Dos valijas gigantes se asoman y atrás, con un sombrero Philip Marlowe, Papá.
Las tres mujeres corren hacia la puerta, adelantan los brazos, separan los dedos; las uñas afiladas brillan: el esmalte de acrílico beige, rojo, negro. El hombre retrocede ante la estampida femenina, se cubre la cara con las brazos en cruz. Finalmente los separa estallando en ademán de arquero que está a punto de atajarle un penal al Enola Gay. Se oye el grito último:
"¡¡¡No les traje nada!!!"
Papá no da rebote.
lunes, 26 de octubre de 2009
Acápite weak end
Titic tiritititic
tirititic tic tic tic
tictictic TAC!
Anita bajó la cortina.
Ya volvemos con más de este blog tan bonitillo.
Escenas del próximo post: padre regresa - expectativas por regalos - And I am a material girl
tirititic tic tic tic
tictictic TAC!
Anita bajó la cortina.
Ya volvemos con más de este blog tan bonitillo.
Escenas del próximo post: padre regresa - expectativas por regalos - And I am a material girl
Productores y reproductores (Trocóseme la educación en aprendizaje)
García estudia Literatura Latinoamericana.
Orsi avanza en la construcción de la Máquina del Tiempo. Con ella planea viajar a la Guerra de las Alpujarras y, disfrazada de morisco, matar a El Autor, justo antes de que empiece su gran obra.
"Muajaja" masculla Orsi retocando un dibujo sobre el margen que boceta el aparato.
"Dale, resumí esa fotocopia" ordena García mirándola por encima del hombro.
Orsi avanza en la construcción de la Máquina del Tiempo. Con ella planea viajar a la Guerra de las Alpujarras y, disfrazada de morisco, matar a El Autor, justo antes de que empiece su gran obra.
"Muajaja" masculla Orsi retocando un dibujo sobre el margen que boceta el aparato.
"Dale, resumí esa fotocopia" ordena García mirándola por encima del hombro.
lunes, 19 de octubre de 2009
Touchée
A veces yo también encuentro la réplica perfecta:
"No te hagas la adolescente, que a vos el Ratón Pérez te dejaba australes"
"No te hagas la adolescente, que a vos el Ratón Pérez te dejaba australes"
sábado, 17 de octubre de 2009
lunes, 12 de octubre de 2009
Tragedia de la tortuga
Parte I: El incidente
Lunes 22 de junio, 14:30 hs.Papá cortó el pasto y mutiló a la tortuga, que agoniza. Pronóstico reservado. Y el pasto quedó desprolijo.
Lunes 22 de junio, 22:00 hs.
Último momento: tortuga muestra signos vitales a pesar de tremendísimo agujero en la capocha. Ampliaremos.
Parte II: Eppur si muove

La tortuga cercenada por la cortadora de césped. Nótese el detalle del pastito entre las tripas.
Escribe Anita Leporina:
Después de pedir primeras ("una placa metálica y cuatro tornillos -dijo mi hermano, el veterinario-....eso sí: nada de tormentas eléctricas") y segundas opiniones ("desinfección, antibiótico inyectable y parche con Poxilina"), albergo gran esperanza en mi núbil corazoncito de que el quelonio sobreviva si es que no hay lesiones internas.
Parte III: Lo que mata es la incertidumbre.
Escribe Anita Leporina en su diario:
La tortuga no se mueve. ¿Estará en coma? No sé cómo verificar sus signos vitales, el caparazón interrumpe la lectura del estetoscopio. Traté de tomarle el pulso, pero las garras son muy duras, tienen como miniazulejos. En la televisión, unos periodistas dicen que murió Michael Jackson, otros dicen que aún está vivo, que se recupera de un infarto. ¿Está muerta la tortuga? ¿Está muerto Michael Jackson?
Parte IV: No me cajoneen el cadáver de la tortuga.
Sábado 27 de junio, 18:00 hs.
Sin Hollywood ni pedofilia ni chimpancés, la tortuga murió. Funeral mañana.
Cierto es que, en primer lugar, me entristece la desparición física de mi mascota, a quien siempre recordaré en su mejor momento: defecando banda, metida en el sucuchito que queda entre las paredes de la pileta de fibra de vidrio y el pasto. Pero no cesan de angustiarme las versiones que se tejen a mi alrededor; me increpa el Señor Nahuel: "¿Podríamos estar hablando de una eutanasia? ¿Estrés producto de la fama?.... o es que acaso sacás esta noticia para desviar la atención y no mostrar los problemas reales que sufre la laucha que tenés".
Parte V: Todas las tortugas van al cielo
Te fuiste una noche, descascarada, exhibiendo orgullosa tu herbívora alma. Se llevó tus restos de Bonobón a medio comer un chico de lindos dorsales, que agarró la bolsa del árbol y la encestó directo en el contenedor del camión. No habrá Ceamse ni Edén capaces de enterrarte en el olvido.
A-se-sino! A-se-sino! A-se-sino!

Anita L. y Minaya alimentando a la tortuga, en una época en la que no había pasto ni triviales tragedias domésticas.
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In memoriam
"Corazón" (1992-2009)
sábado, 10 de octubre de 2009
Y Rodó no se lo merecía.
Si tuviera que elegir un lugar para que bauticen en mi honor con mi nombre después de que muera, elegiría un parque de diversiones.
martes, 6 de octubre de 2009
Dice la Profesora García.
Hoy en el colegio me fue bastante bien. Me tiraron pocos bollitos de papel.
Di "El almohadón de plumas".
Claro, ya tengo un alumno favorito: el chico con labio leporino.
Di "El almohadón de plumas".
Claro, ya tengo un alumno favorito: el chico con labio leporino.
domingo, 4 de octubre de 2009
Amor de madre
Passepartout entró en la adolescencia

Lamentablemente, a mí el nene sí me come.
Le perdono todo, menos que se haga brushing en el flequillo.
Lamentablemente, a mí el nene sí me come.
Le perdono todo, menos que se haga brushing en el flequillo.
martes, 29 de septiembre de 2009
Última voluntad
Visto y considerando que nadie me quiere, procedo a morirme.
Pero eso sí: quiero mirar. Quiero ver mi funeral. Quiero chequear la satisfacción del lector de obituarios que busca muertos jóvenes en la página de necrológicas, la mediré por la distancia entre su cara y el diario, cada vez más cerca de los ojos. Quiero ser espectadora del arrepentimiento de quienes, pudiendo saludarme el día anterior con un afectuoso abrazo, sólo me dijeron "chau" o "hasta mañana".
Y les advierto que en el velorio voy a estar espiando. Cajón abierto, que quede claro de antemano, no por nada voy al dermatólogo y me hago baños de crema en el pelo cada fin de semana. Dejen el cajón cerrado para los feos o para los desfigurados por un tren. Después de haber cultivado esta prolija apariencia me parece que yo merezco un cajón abierto. Ah, y si consiguen mortaja con escote voy a estar agradecida, ¿puede ser en bordeaux? o de última en azul francia. Y si sólo hay blancas les voy a pedir que lleven mi cadáver hasta un "Sol pleno" para que me rocíen con el spray ese que te tiñe la piel de color bronceado. Fíjense que quede parejo, please. Y que me acomoden la cabeza en el ataúd medio mirando hacia arriba, no quiero dar con papada.
Las raíces -si hace mucho no iba a la peluquería a teñirme el pelo- déjenlas, no hay drama; tampoco quiero llenarlos de obligaciones, la idea es que tengan un buen recuerdo de mí y lloren por mi temprana muerte.
Ya les dije que en el velorio voy a estar chusmeando todo, así que nada de tristeza sobreactuada. Al que cuente un chiste o se ponga a hablar de otra cosa, no sé, la facultad o el partido del domingo, me lo llevo conmigo a la ultratumba. Sépanlo, se tienen que dedicar exclusivamente a mí, es mi funeral, la puta madre, no sean insensibles, son un par de horas en las que tienen que hablar de lo prometedor de mi futuro y la macana de que me haya muerto tan joven.
Necesito el llanto o cualquier manifestación del dolor de mi ausencia. Sí, es nostalgia de la experiencia de la muerte, de la experiencia de mi muerte en los otros y, por qué no, también en mí.
Quiero verme muerta. Quiero ver a los gusanitos comerse mis muslos. Ay, los aductores que tanto me costó modelar en spinning: disfrútenlos, muchachos.
El tema es que no sé cómo los voy a ver, el interior de un ataúd no debe ser muy luminoso. Mejor inhúmenme como a Blancanives, en una caja de cristal, y después me meten en una de esas casitas para los muertos que tienen puerta y ventanas. No me jode que la bóveda no sea de mi familia; pónganse las pilas y zarpen un lugar, revoleen el cajón de un estanciero que murió hace mil años y no le importa a nadie y pongan mi ataúd de cristal ahí; no les cuesta nada, piensen que esa será mi última morada. Voy a necesitar luz para admirar la descomposición de mi cuerpo. Háganme el favor.
¿Es mucho pedir que aquel que siempre fue mi enemig@, el día de mi muerte, encargue una corona de flores con la leyenda "siempre te amé" y a continuación sus iniciales? Puede ser una interesante vuelta de tuerca, ¿no?
A los más cercanos les pido, por favor, que no tomen ningún calmante. Es imprescindible que manifiesten todo su sufrimiento plenamente. Desmayarse o entrar en convulsiones también sería un lindo detalle.
Tampoco me ofendo si quieren bautizar con mi nombre a uno de sus hijos.
En caso de que no consigan ataúd de cristal ni bóveda, les pido, si son tan amables, que se fijen bien cómo me van a sepultar. Sería un garrón si me entierran en una tumba imposible de abrir ya que en La Noche de los Muertos Vivos no voy a poder salir a comer cerebros como el resto de los zombis. Imagine: tenés toda la eternidad para estar muerto; una sola noche, que es TU noche, no la podés aprovechar y la pasás encerrado. Un bajón.*
En fin, les pido que sean dignos deudos y traten de seguir estas postreras instrucciones. Sólo quiero irme al más allá con algo de estilo. Que se imponga el gran acontecimiento de mi muerte. Es el sueño de mi vida.
.......................................................................................................
*Este sería un argumento muy ameno para una película de terror triste. "Drama de horror" podría ser el género.
Pero eso sí: quiero mirar. Quiero ver mi funeral. Quiero chequear la satisfacción del lector de obituarios que busca muertos jóvenes en la página de necrológicas, la mediré por la distancia entre su cara y el diario, cada vez más cerca de los ojos. Quiero ser espectadora del arrepentimiento de quienes, pudiendo saludarme el día anterior con un afectuoso abrazo, sólo me dijeron "chau" o "hasta mañana".
Y les advierto que en el velorio voy a estar espiando. Cajón abierto, que quede claro de antemano, no por nada voy al dermatólogo y me hago baños de crema en el pelo cada fin de semana. Dejen el cajón cerrado para los feos o para los desfigurados por un tren. Después de haber cultivado esta prolija apariencia me parece que yo merezco un cajón abierto. Ah, y si consiguen mortaja con escote voy a estar agradecida, ¿puede ser en bordeaux? o de última en azul francia. Y si sólo hay blancas les voy a pedir que lleven mi cadáver hasta un "Sol pleno" para que me rocíen con el spray ese que te tiñe la piel de color bronceado. Fíjense que quede parejo, please. Y que me acomoden la cabeza en el ataúd medio mirando hacia arriba, no quiero dar con papada.
Las raíces -si hace mucho no iba a la peluquería a teñirme el pelo- déjenlas, no hay drama; tampoco quiero llenarlos de obligaciones, la idea es que tengan un buen recuerdo de mí y lloren por mi temprana muerte.
Ya les dije que en el velorio voy a estar chusmeando todo, así que nada de tristeza sobreactuada. Al que cuente un chiste o se ponga a hablar de otra cosa, no sé, la facultad o el partido del domingo, me lo llevo conmigo a la ultratumba. Sépanlo, se tienen que dedicar exclusivamente a mí, es mi funeral, la puta madre, no sean insensibles, son un par de horas en las que tienen que hablar de lo prometedor de mi futuro y la macana de que me haya muerto tan joven.
Necesito el llanto o cualquier manifestación del dolor de mi ausencia. Sí, es nostalgia de la experiencia de la muerte, de la experiencia de mi muerte en los otros y, por qué no, también en mí.
Quiero verme muerta. Quiero ver a los gusanitos comerse mis muslos. Ay, los aductores que tanto me costó modelar en spinning: disfrútenlos, muchachos.
El tema es que no sé cómo los voy a ver, el interior de un ataúd no debe ser muy luminoso. Mejor inhúmenme como a Blancanives, en una caja de cristal, y después me meten en una de esas casitas para los muertos que tienen puerta y ventanas. No me jode que la bóveda no sea de mi familia; pónganse las pilas y zarpen un lugar, revoleen el cajón de un estanciero que murió hace mil años y no le importa a nadie y pongan mi ataúd de cristal ahí; no les cuesta nada, piensen que esa será mi última morada. Voy a necesitar luz para admirar la descomposición de mi cuerpo. Háganme el favor.
¿Es mucho pedir que aquel que siempre fue mi enemig@, el día de mi muerte, encargue una corona de flores con la leyenda "siempre te amé" y a continuación sus iniciales? Puede ser una interesante vuelta de tuerca, ¿no?
A los más cercanos les pido, por favor, que no tomen ningún calmante. Es imprescindible que manifiesten todo su sufrimiento plenamente. Desmayarse o entrar en convulsiones también sería un lindo detalle.
Tampoco me ofendo si quieren bautizar con mi nombre a uno de sus hijos.
En caso de que no consigan ataúd de cristal ni bóveda, les pido, si son tan amables, que se fijen bien cómo me van a sepultar. Sería un garrón si me entierran en una tumba imposible de abrir ya que en La Noche de los Muertos Vivos no voy a poder salir a comer cerebros como el resto de los zombis. Imagine: tenés toda la eternidad para estar muerto; una sola noche, que es TU noche, no la podés aprovechar y la pasás encerrado. Un bajón.*
En fin, les pido que sean dignos deudos y traten de seguir estas postreras instrucciones. Sólo quiero irme al más allá con algo de estilo. Que se imponga el gran acontecimiento de mi muerte. Es el sueño de mi vida.
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*Este sería un argumento muy ameno para una película de terror triste. "Drama de horror" podría ser el género.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Alimento (Poética y Estética leporinas)
Mientras se sigan fabricando caramelitos para niños con envoltorios que expongan parásitos con forma de serpiente que chupan la sangre de otros seres vivos, Anita Leporina tendrá razones para ser feliz.

By anitaleporina at 2009-09-26
By anitaleporina at 2009-09-26
domingo, 20 de septiembre de 2009
Voodoo child
Amo a los zombis. Me encantan las películas de muertos vivos. Las miro con satisfacción desde chica.
Mi sueño es que alguna noche vengan los zombis y entonces atrincherarme en mi casa y agarrar una AK-47 y poner un spot que ilumine la vereda y verlos aparecer entre la oscuridad doblando la esquina del kiosco y pum! pum! pum! ir volándoles la cabeza uno a uno.
Mi sueño. Eso y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.
No puedo dejar de asociar a los zombis, los relatos sobre zombis, con algunos elementos de la realidad histórica en que sobreviví mi infancia. Las máquinas de humo, por ejemplo, las luces verdes o fucsia, que casi siempre son parte del decorado de las películas de zombis urbanas. La banda sonora llena de baterías electrónicas: a ese ritmo se mueven los muertos vivos. Escenario, coreografía, todo bien ochentoso.
Ya sé, el recuerdo no es gratuito ni arbitrario: la explosión del consumo y la producción de películas de zombis puede ubicarse a mediados de la década del `80 y a principios de los 90.
De todo el precipitado histórico de esta época, lo que con más claridad veo en las películas de zombis es el SIDA. El temor al contagio, al contacto con los cuerpos de los otros. El monstruo es la enfermedad, lo terrorífico es una infección que se libra en combate individual cuerpo a cuerpo. Una mordedura o cualquier penetración de un cuerpo infectado contagia, metamorfosea.
En general, en estas películas de nada sirve prender la radio o el televisor: los medios de comunicación no pueden ayudar, dan información falsa o confusa, o directamente han colapsado y hasta el último técnico del canal o cronista gráfico ha salido a la calle a morfar cerebros. También puede suceder que otros servicios colpasen, como el de alumbrado público (por eso sugiero que tengan a mano un buen spot o reflector si esa noche no quieren perderse el espectáculo de las vísceras descompuestas volando mientras cargan otro cartucho).
Lo curioso es que frente al silencio de los medios de comunicación en el caso de los zombis se impone el ruidoso machacamiento de los medios de comunicación en relación con el Sida. Recuerdo que cuando era chica, en los diarios, la radio y la televisión, todo era Sida. La presencia del tema era constante, cansadora. Por eso, cuando yo tenía cuatro años creía que la única forma de morir era de Sida, no había otra posibilidad.
La anécdota la conserva mi madre, gravada a fuego en su cerebro: el momento de estupefacción cuando, a la salida del jardín de infantes, las maestras de sus hijas se acercaron a preguntarle por las causas del reciente deceso del abuelo.
Tras la respuesta, las maestras no tardaron en justificar la curiosidad. Según asegura mi madre, los relatos de las horrorizadas mujeres fueron claros:
La maestra de sala amarilla, enterada de la muerte de mi abuelo, se me acerca para conversar:
Señorita Silvia: Tu abuelito murió de viejito, ¿no?
Anita: No, murió de Sida.
Paralelamente, en el aula de mi hermana, los niños juegan y charlan algremente en ronda bajo la supervisión cercana de la maestra, quien alcanza a registrar el siguiente intercambio:
Compañerito: ¿De qué murió tu abuelo, Agus?
Minaya: Lo cagaron a tiros.
sábado, 12 de septiembre de 2009
Inventadora
"Che, me como el último sacrilegio" advirtió Minaya y mordió la factura de pan esponjoso por dentro y hojaldrado por fuera, con forma de bollito alargado, rellena de dulce de membrillo.
Así es mi hermana: brillante, fresca, reacia a la absolución sin porqués del uso sacramental del lenguaje.
¿Cómo no adorarla?
Así es mi hermana: brillante, fresca, reacia a la absolución sin porqués del uso sacramental del lenguaje.
¿Cómo no adorarla?
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Tesoros enterrados.
Arrodilladas frente al placard que archiva los objetos heredados de los muertos de mi familia, mi madre me mira con cara de madre.
Con gesto de madre veo que extrae del placard una pieza de vajilla de porcelana, que ella llama "sopera". Tomándola con ambas manos desde los extremos, en simétrico ademán, la apoya sobre su regazo. La postura de los cuerpos, el silencio, las miradas, todo adelanta y define el rito.
-Hija, quiero que conserves esto. Es una sopera muy antigua.
-Dejá, me arreglo con los tuppers.
-No. Esta es una sopera fínisima. Mi abuela se la dio a mi madre, mi madre me la dio a mí y yo quiero que la tengas vos.
-Pero yo nunca tomo sopa, ma.
-No es solamente para sopa. Podés dejarla como adorno en una repisa o como centro de mesa, podés usarla para ponerle flores.
-También se puede usar para poner el feto ahí cuando abortaste. Y lo enterrás directamente en el jardín.
-Sí, también sirve para eso.
Palabras clave: sopera - placard - repisa - centro de mesa - regazo - arconte del rol de género.
martes, 8 de septiembre de 2009
Comunicado
Desde este blog repudiamos el despido de los 164 obreros perseguidos por Terrabusi, al tiempo que llamamos al proletariado a tomar las siguientes medidas:
Ocupación de la fábrica y puesta en funcionamiento bajo control obrero.
Planificación de la producción según las necesidades del pueblo.
Regreso de las Kremocoas a la cadena de producción.
Reparto gratuito de Kremocoas.

Pasando en limpio el menú de las tareas de clase, saluda con el puño en alto a todos los enemigos de la burguesía,
Comandante Anita Leporina.
Ocupación de la fábrica y puesta en funcionamiento bajo control obrero.
Planificación de la producción según las necesidades del pueblo.
Regreso de las Kremocoas a la cadena de producción.
Reparto gratuito de Kremocoas.

Pasando en limpio el menú de las tareas de clase, saluda con el puño en alto a todos los enemigos de la burguesía,
Comandante Anita Leporina.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Sin repetir y sin googlear
Nombren un mariscal, que no sea Tito ni Perfumo.
(Rommel y Göring tampoco valen)
(Rommel y Göring tampoco valen)
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Brecha revocada.
De visita en la casa de mi abuela.
Me voy a la cocina a poner la pava para el mate. Dejo a la nona sola, en su dormitorio, con siete hernias de disco, varios microinfartos cerebrales en la historia clínica y un parquet resbaloso.
Tras prender la hornalla, me pongo a buscar la yerba y la bombilla; entonces escucho: "Anitaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!"
¿Se cayó y se quebró la cadera?¿Se le prendió fuego el pijama de plush? Horror. Mañana Clarín me dedica media página de policiales: Joven con la cabeza quemada debido a las noches de alcohol mata a su abuela para conseguir paco. Dice que fue un accidente. Y la palabra "descontrol" repetida tres o cuatro veces en el copete y el cuerpo de la crónica.
Corro hasta la habitación, abro la puerta. La veo sentada en su cama, con el pijama rojo.
NONA: Estaba pensando... creo que Rosas no fue tan malo después de todo. Lo que pasa es que la historia la escribieron los unitarios.
ANITA: Ese revisionismo te hace juego con el tono del pijama.
La abuela me mira esperando más o como si yo nunca hubiese hablado. Pienso, pienso; hallo la respuesta.
ANITA: Que viva la Santa Federación!
NONA: Mueran los salvajes, impíos unitarios!
La pava está haciendo ruido y vuelvo a la cocina. La abuela sonríe.
Me voy a la cocina a poner la pava para el mate. Dejo a la nona sola, en su dormitorio, con siete hernias de disco, varios microinfartos cerebrales en la historia clínica y un parquet resbaloso.
Tras prender la hornalla, me pongo a buscar la yerba y la bombilla; entonces escucho: "Anitaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!"
¿Se cayó y se quebró la cadera?¿Se le prendió fuego el pijama de plush? Horror. Mañana Clarín me dedica media página de policiales: Joven con la cabeza quemada debido a las noches de alcohol mata a su abuela para conseguir paco. Dice que fue un accidente. Y la palabra "descontrol" repetida tres o cuatro veces en el copete y el cuerpo de la crónica.
Corro hasta la habitación, abro la puerta. La veo sentada en su cama, con el pijama rojo.
NONA: Estaba pensando... creo que Rosas no fue tan malo después de todo. Lo que pasa es que la historia la escribieron los unitarios.
ANITA: Ese revisionismo te hace juego con el tono del pijama.
La abuela me mira esperando más o como si yo nunca hubiese hablado. Pienso, pienso; hallo la respuesta.
ANITA: Que viva la Santa Federación!
NONA: Mueran los salvajes, impíos unitarios!
La pava está haciendo ruido y vuelvo a la cocina. La abuela sonríe.
sábado, 29 de agosto de 2009
Prioridades y reivindicaciones.
"El proyecto que ya cuenta con media sanción parlamentaria y que la Cámara de Senadores votará en septiembre no hará sino ampliar la brecha digital pero, especialmente, el abismo entre ricos y pobres" (Fuente)
?
Anita Leporina está hablando sobre esto:
http://www.flickr.com/photos/elaws/3805188529/in/pool-noalimpuestazo/
(en la foto, un pobre empresario que ya no puede despedir a sus empleados por Blackberry)
domingo, 23 de agosto de 2009
Mi segunda palabra
Papá instaló su nuevo DVD
y rompió el Home Theatre
Papá cortó el pasto
y mutiló a la tortuga
(era un domingo)
Papá fue a tirar la basura
y se abrió la frente de un golpe contra la mesada
(recuerdo especialmente el tajo
con vaguedad la sangre
que seguro brotaba y brotaba)
Papá quiso cambiar el cuerito de la canilla
y rompió el caño que inundó la casa
(porque brota también el agua)
Papá dijo "No lleves nada"
y la maestra pensó que yo era idiota
(era el primer día de clases de primer grado
y al ver las mochilas llenas de otros niños lloraba)
Papá podó el rosal
y después se dio la antitetánica
(arañacitos en las manos y un enfermero estafador)
Papá le pidió al afilador que afilara dos cuchillos
y le cobró doscientos pesos
(ese señor
que pasaba con la armónica,
ahora ya no pasa)
Papá armó el árbol de Navidad
en noviembre
con luces intermitentes conectadas a dosveinte
(¿fue la estrella de Belén
la que chamuscó el pesebre?)
Papá manejaba en la ruta
y atropelló a un venado
(aunque era un perro, yo recuerdo
la cornamenta contra el parabrisas).
Pero
cuando para comer hay salchichas
salchichas solas, salchichas sin nada
papá va hasta el kiosco
y me compra la mostaza.
x
Anita Leporina y su padre.
y rompió el Home Theatre
Papá cortó el pasto
y mutiló a la tortuga
(era un domingo)
Papá fue a tirar la basura
y se abrió la frente de un golpe contra la mesada
(recuerdo especialmente el tajo
con vaguedad la sangre
que seguro brotaba y brotaba)
Papá quiso cambiar el cuerito de la canilla
y rompió el caño que inundó la casa
(porque brota también el agua)
Papá dijo "No lleves nada"
y la maestra pensó que yo era idiota
(era el primer día de clases de primer grado
y al ver las mochilas llenas de otros niños lloraba)
Papá podó el rosal
y después se dio la antitetánica
(arañacitos en las manos y un enfermero estafador)
Papá le pidió al afilador que afilara dos cuchillos
y le cobró doscientos pesos
(ese señor
que pasaba con la armónica,
ahora ya no pasa)
Papá armó el árbol de Navidad
en noviembre
con luces intermitentes conectadas a dosveinte
(¿fue la estrella de Belén
la que chamuscó el pesebre?)
Papá manejaba en la ruta
y atropelló a un venado
(aunque era un perro, yo recuerdo
la cornamenta contra el parabrisas).
Pero
cuando para comer hay salchichas
salchichas solas, salchichas sin nada
papá va hasta el kiosco
y me compra la mostaza.
x
Anita Leporina y su padre.
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