-séptima temporada-

lunes, 9 de noviembre de 2009

La máscara autobiográfica

Algo que siempre me he preguntado es si éste, mi devenir lepórido, tiene acaso un origen mitológico o, por el contrario, si se trata de una continuidad ya congénita, ya esencial a mi ser.
Abandono la primera hipótesis hasta la madrugada en que me pinte fabricar una cosmogonía. Quedo al acecho, entonces, de alguna respuesta ante la pregunta por el sentido leporino de mi posible relato autobiográfico.


Si hay una cosa que expone a las personas es el disfraz. El acto de elección de un disfraz habla de vos con una claridad concreta, visible en cada pliegue de papel crep, en cada centímetro del plástico de cotillón. El disfraz, lejos de ocultar a la persona que lo usa, la descubre, la denuncia ridícula, escandalosamente.
La gordita con disfraz de colegiala quiere guerra, no hay nada que hacerle. El chabón que fue de jugador de fútbol necesita por un momento la atención de todos, un único momento en el que se confirme que Nosotros lo aceptamos; porque no, no podría soportar que se rían de él, que le digan "qué desubicado". Pasado ese momento de atención que lo redime, quiere tener perfil bajo. Por su parte, la divorciada que va de odalisca cree que está más buena de lo que su ex-marido pensaba. Etcétera.

Las fiestas de disfraces son el escenario elegido en el capítulo autobiográfico de hoy. Rastrear el devenir leporino de una existencia es, justamente, la caza de conejos que estamos iniciando.
.....

Cierto día en la colonia de vacaciones se convocó a una fiesta de disfraces que daría por concluido el verano .
Así es que la niña Anita tuvo que pensar de qué se disfrazaría. No lo dudó mucho, eligió el motivo del disfraz y su padre se lo fabricó. Aquel día lo lució con orgullo:



Entre los niños que charlan y juegan felices estoy yo, Anita Leporina, disfrazada de Cabina Telefónica.

Reflexionémoslo con la propiedad que el acontecimiento merece: YO ERA UNA FUCKIN` CABINA TELEFÓNICA.



¿Qué clase de niño elige un disfraz así?¿Qué idea pasaba por mi mente?¿Qué clase de padre construye para su niña tal artificio? (Esa respuesta la sé: uno muy groso).

Me acuerdo vivamente del calor. Me acuerdo del desfile de disfraces: de balancearme como si estuviera bailando, bailando en una caja. Mecer esa estructura a un lado y otro: un gesto de acercamiento al mundo.
Pero no fue todo soledad, recuerdo cierta interacción. Hubo quien se me acercó, agarró el tubo y, tras fingir que marcaba un número, jugó a que llamaba por teléfono. Yo, adentro de la caja, no sabía cómo reaccionar. Dejé que hiciera, desde mi tibia oscuridad.

En definitiva la pregunta es ¿Qué dice de mí ese disfraz?: ¿que me encantaba jugar y charlar con mis compañeritos? Obviamente, no (véase foto nº1).
En este punto creo que ya ingresé al corazón de la narrativa autobiográfica, la cual funciona -en mi opinión- a partir de un motor fundamental, el mandato al lector: Júzguenme!!!: ¿Soy normal?

Continúo con mi relato confesional a ver si se asoma la presa, la punta de unas orejitas blancas.
Gané el primer premio de ese concurso de disfraces. Quizá algún ex-compañero recuerde aún hoy el desfile, el balanceo de la cabina.
Años después, yo había mejorado mucho. Aquí me tienen a la edad de 9 años en otra fiesta de disfraces:



De derecha a izquierda: un gauchito, un vagabundo, la chilindrina con un globo, un hada, una hawaiana y en el extremo izquierdo, yo, disfrazada de La Muerte Segadora. *

Una niña de 9 años. La muerte. Qué bonito, qué bonito.
Este concurso no lo gané, pero lo importante es que el blanco ya está en la mira, no tiene donde esconderse.

La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada.


Ahora mismo pienso en el disfraz que voy a usar en la próxima fiesta de disfraces que tenga. No sé cuál será, pero ya he decidido que tendrá como principal accesorio un falo gigantesco. Así que, papá, si estás leyendo esto...





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* Ah, en el centro, con indiscutible vocación de diva intergaláctica, Minaya (nada menos) representando a la Estatua de la libertad (otro disfraz confeccionado por mi padre).

9 comentarios:

Sebastián Lalaurette dijo...

Como siempre: gracioso, agudo y profundamente melancólico. Qué texto, eh.

"La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada."

Intuyo que es cierto. Y que el disfraz del día a día es mucho más efectivo que las cajas y retazos de ocasión.

ella dijo...

que redondísimo post.

empecé asintiendo -como perro de luneta- cuando hablabas de "el" o "un" disfráz.
paré la lectura por la risa enferma que me atacó con TUS disfraces, y no me quedó otra que volver a asentir.

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justo hoy estaba pensando en cómo capas y capas de cosas muy nuestras que decidimos mostrar, terminan siendo más una amalgama que nos tapa.
y en cómo algunas personas terminan pareciendo más una colección de manías y caprichos levantados como banderas de nosequé

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alamierda... acabo de ordenarlo.

Bueno, si. Algo así pensaba, y justo leo "La máscara autobiográfica".

No podría estar más de acuerdo.

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levanto mi vaso mental de gintonic, y brindo por tu devenir leporino.

Anita Leporina dijo...

Jajaja...Qué buen comment! Gracias.

Claude dijo...

Es cierto lo que planteas. La ropa, la manera de vestirse, hablan y dicen mucho de cómo uno quiere mostrarse. El disfraz produce un cambio mas radical aun, evidencia lo que uno quiere ser (digo “lo que” y no “quien” para no cometer la descortesía de excluir a cabinas telefónicas y etcéteras) Igual la simbología es re compleja, a veces. Como en los sueños, que puede entenderlos bien uno solamente.. Que divertido hacer un psicoanálisis bien pedorro freudiano descriptando la simbología de los disfraces.
Tenes un gran padre jajaj

Misercatulo dijo...

Buenisimoche. Lo más cerca de una cabina telefónica, una oruga sin sponsor.



memeé d´risa y conmisceración.
Estaría oscura imagino.


Salu
gracias por xmntar

MAt dijo...

Nunca, NUNCA voy a encontrar un disfraz mejor que el que vos tuviste.

Tristemente, hoy en día se resume (por lo general) a que las mujeres van de lo que sea versión hot, y que los hombres van de algo ridículo. Bien representativo.

Tápense un poquito, che, genera curiosidad.

MARUCITA dijo...

jaja freak! como te vas a disfrazar de cabina telefonica! me encanto el blog,congrats por este post.

cndae dijo...

Bueno, al que quiero felicitar es a tu viejo. No sólo te hizo caso, si no que está bien hecho, nada de grasadas. No, no, simplemente me cae bien, decíselo: "una desconocida que leyó por primera vez mi blog y te manda saludos"

Anita Leporina dijo...

Le voy a decir y se va a poner contento, así no cree que hago de él un villano del blog