-séptima temporada-

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sábado, 11 de junio de 2011

Algunas notas de color de nuestra personalidad


Ana ensaya la profilaxis que triunfe
en la promiscuidad alimentaria de la heladera.


Madre conserva los sobrecitos de té xq los usa

para dejar sus ya legendarios carteles.


En uno de los cajones, Minaya esconde su colección
de tapitas de Sedal para peinarse.



Laura es una buena persona
aunque no riegue las plantas.


A Orsi no se la puede
no se la puede sacar a comer ningún lado.

Para Secretaria Ana María no hay como la libertad
de elegir el color de las uñas.


A García se le complica decidir cuándo
es el momento de tirar ese jabón que ya no sirve.



Hay algo que le impide a Leandro

deshacerse de los fósforos usados.


Le consta a Anita Leporina
que esta ciudad está llena de pájaros muertos.


Patología
es andar por ahí
catalogando a la gente.

domingo, 4 de abril de 2010

como Isadora Duncan




Sin lugar a dudas es una suerte que, ni bien venidos al mundo, tengamos gente cerca que nos proteja de los innumerables peligros que acechan en esta viña del Señor.
Estamos gateando y enfilamos para el balcón, siempre hay una mano amiga que nos levanta y nos deposita en el corralito. Salimos de la pileta y atacan las ganas de tomar Coca-Cola, siempre existe esa garganta comedida que nos reconviene: ¿Querés ponerte unas ojotas, pedazo de pelotuda?
Lo mismo para el caso de las tan atractivas bolsas de supermercado y su ineluctable influjo seductor sobre nuestras tiernas mentecillas: Ni si te ocurra ponerte esa bolsa en la cabeza ¿Sabés todos los nenes que se murieron asfixiados jugando así?

Sensatos y razonables gestos de amor! Qué sería de nosotros sin ellos...

Por eso hoy día me alegro tanto cuando en invierno voy a lo de la abuela y al verme ya comienza a gritar:
"-NOOOO!! Acomodate esa bufanda ahora mismo, que te podés morir como Isadora Duncan".
Isadora Duncan (1878-1927) fue una bailarina norteamericana que murió estrangulada por su propio chal mientras manejaba un descapotable en Niza.

Siempre me detengo a pensar en los prudentes consejos que nos dan nuestros mayores. Esta advertencia en particular suelo oírla a menudo, ni bien asoma la cabeza la temporada otoñal con sus bajas temperaturas.
Ahora, parada en la esquina y muerta de frío, extiendo el brazo más allá de la línea del cordón mientras se me ilumina la cara con el cálido recuerdo del amoroso consejo que Madre me dio antes de salir de casa: "-Con toda esa lana colgando no, enrollala entera alrededor del cuello si no querés morir como Isadora Duncan".
Procuro que la bufanda quede bien enroscada y me subo al 273.


lunes, 29 de marzo de 2010

Mandados

-Perdoná que no te pude hacer el trámite, mamá, me lo rechazaron porque no habías firmado el documento.

-Pero vos ¿para lo único que sabés falsificar firmas es para boletines escolares?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tesoros enterrados.




Arrodilladas frente al placard que archiva los objetos heredados de los muertos de mi familia, mi madre me mira con cara de madre.
Con gesto de madre veo que extrae del placard una pieza de vajilla de porcelana, que ella llama "sopera". Tomándola con ambas manos desde los extremos, en simétrico ademán, la apoya sobre su regazo. La postura de los cuerpos, el silencio, las miradas, todo adelanta y define el rito.

-Hija, quiero que conserves esto. Es una sopera muy antigua.
-Dejá, me arreglo con los tuppers.
-No. Esta es una sopera fínisima. Mi abuela se la dio a mi madre, mi madre me la dio a mí y yo quiero que la tengas vos.
-Pero yo nunca tomo sopa, ma.
-No es solamente para sopa. Podés dejarla como adorno en una repisa o como centro de mesa, podés usarla para ponerle flores.
-También se puede usar para poner el feto ahí cuando abortaste. Y lo enterrás directamente en el jardín.
-Sí, también sirve para eso.







Palabras clave: sopera - placard - repisa - centro de mesa - regazo - arconte del rol de género.