Sábado a la mañana. Me despierto feliz: el diariero ha dejado la última novedad editorial de Vox. Bajo las escaleras corriendo para hacerme del librito. Mis padres están leyendo el diario en la cocina mientras desayunan.
Con cuidado desanudo los hilos que protegen la cubierta del ejemplar. Me voy fascinada de vuelta a mi dormitorio. Saliendo de la cocina me detiene la voz de madre:
-Y vos ¿por qué no formás parte de algún grupo juvenil? Ayer mis amigas se pasaron toda la cena criticando las ocurrencias de sus hijos, tan rebeldes: Matías tiene unas rastas que no se lava hace tres meses, Graciela se había peleado con Federico porque quiere vivir en La Paz haciendo malabares en las esquinas, la hermanita se levanta a las 6 de la mañana para ir maquillada estilo gótico a la escuela.... Y yo no tenía nada que acotar. ¿Por qué no te hacés de alguna tribu urbana?
-Pero yo...
-Piercings, tatuajes, cresta; lo normal... algo que te dé un poco de identidad, hija. Lesbianismo, no sé...
-Piercings, tatuajes, cresta; lo normal... algo que te dé un poco de identidad, hija. Lesbianismo, no sé...
Padre levanta la vista de su Abeledo Perrot:
-Acá tengo un Rutini ajerezado para que tu hermana y vos se lleven y armen una de esas,,, "jarras locas".