Hay que mirar a los dos lados antes de cruzar la calle.
Hay que sacarse el chupetín de la boca para correr.
Hay que abrir la heladera con los pies calzados.
Hay que limpiarse la boca antes de beber.
Y de pronto habló la niña gótica:
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?
domingo 22 de noviembre de 2009
lunes 16 de noviembre de 2009
Mujercitas
El sábado a la mañana empezaba fútbol. Había que estar a las once menos cinco en el club.
Short negro, musculosa anaranjada, medias hasta la rodilla haciendo juego, vendas para pagar derecho de pasto, todo quedó intacto y prolijo adentro de la cartera.
Me desperté pasado el mediodía. Al bajar las escaleras Minaya me esperaba en la cocina, tomando en vaso de trago largo un licuado de maracuyá.
Por entre el vidrio biselado y el paragüitas de plástico vio cómo me limpiaba el rimmel con el dorso de la mano y buscaba un Sertal Compuesto. Detrás de mi nuca resonó el sorbido final amplificado por la pajita.
A veces hablamos para atajar reproches:
-Falté al entrenamiento -la miré apoyar el vaso vacío sobre la mesada, meneaba la cabeza.
-Así nunca vas a conseguir novia.

Short negro, musculosa anaranjada, medias hasta la rodilla haciendo juego, vendas para pagar derecho de pasto, todo quedó intacto y prolijo adentro de la cartera.
Me desperté pasado el mediodía. Al bajar las escaleras Minaya me esperaba en la cocina, tomando en vaso de trago largo un licuado de maracuyá.
Por entre el vidrio biselado y el paragüitas de plástico vio cómo me limpiaba el rimmel con el dorso de la mano y buscaba un Sertal Compuesto. Detrás de mi nuca resonó el sorbido final amplificado por la pajita.
A veces hablamos para atajar reproches:
-Falté al entrenamiento -la miré apoyar el vaso vacío sobre la mesada, meneaba la cabeza.
-Así nunca vas a conseguir novia.

domingo 15 de noviembre de 2009
lunes 9 de noviembre de 2009
La máscara autobiográfica
Algo que siempre me he preguntado es si éste, mi devenir lepórido, tiene acaso un origen mitológico o, por el contrario, si se trata de una continuidad ya congénita, ya esencial a mi ser.
Abandono la primera hipótesis hasta la madrugada en que me pinte fabricar una cosmogonía. Quedo al acecho, entonces, de alguna respuesta ante la pregunta por el sentido leporino de mi posible relato autobiográfico.
Si hay una cosa que expone a las personas es el disfraz. El acto de elección de un disfraz habla de vos con una claridad concreta, visible en cada pliegue de papel crep, en cada centímetro del plástico de cotillón. El disfraz, lejos de ocultar a la persona que lo usa, la descubre, la denuncia ridícula, escandalosamente.
La gordita con disfraz de colegiala quiere guerra, no hay nada que hacerle. El chabón que fue de jugador de fútbol necesita por un momento la atención de todos, un único momento en el que se confirme que Nosotros lo aceptamos; porque no, no podría soportar que se rían de él, que le digan "qué desubicado". Pasado ese momento de atención que lo redime, quiere tener perfil bajo. Por su parte, la divorciada que va de odalisca cree que está más buena de lo que su ex-marido pensaba. Etcétera.
Las fiestas de disfraces son el escenario elegido en el capítulo autobiográfico de hoy. Rastrear el devenir leporino de una existencia es, justamente, la caza de conejos que estamos iniciando.
.....
Cierto día en la colonia de vacaciones se convocó a una fiesta de disfraces que daría por concluido el verano .
Así es que la niña Anita tuvo que pensar de qué se disfrazaría. No lo dudó mucho, eligió el motivo del disfraz y su padre se lo fabricó. Aquel día lo lució con orgullo:

Entre los niños que charlan y juegan felices estoy yo, Anita Leporina, disfrazada de Cabina Telefónica.
Reflexionémoslo con la propiedad que el acontecimiento merece: YO ERA UNA FUCKIN` CABINA TELEFÓNICA.

¿Qué clase de niño elige un disfraz así?¿Qué idea pasaba por mi mente?¿Qué clase de padre construye para su niña tal artificio? (Esa respuesta la sé: uno muy groso).
Me acuerdo vivamente del calor. Me acuerdo del desfile de disfraces: de balancearme como si estuviera bailando, bailando en una caja. Mecer esa estructura a un lado y otro: un gesto de acercamiento al mundo.
Pero no fue todo soledad, recuerdo cierta interacción. Hubo quien se me acercó, agarró el tubo y, tras fingir que marcaba un número, jugó a que llamaba por teléfono. Yo, adentro de la caja, no sabía cómo reaccionar. Dejé que hiciera, desde mi tibia oscuridad.
En definitiva la pregunta es ¿Qué dice de mí ese disfraz?: ¿que me encantaba jugar y charlar con mis compañeritos? Obviamente, no (véase foto nº1).
En este punto creo que ya ingresé al corazón de la narrativa autobiográfica, la cual funciona en mi opinión a partir de un motor fundamental, el mandato al lector: Júzguenme!!!: ¿Soy normal?
Continúo con mi relato confesional a ver si se asoma la presa, la punta de unas orejitas blancas.
Gané el primer premio de ese concurso de disfraces. Quizá algún ex-compañero recuerde aún hoy el desfile, el balanceo de la cabina.
Años después, yo había mejorado mucho. Aquí me tienen a la edad de 9 años en otra fiesta de disfraces:

De derecha a izquierda: un gauchito, un vagabundo, la chilindrina con un globo, un hada, una hawaiana y en el extremo izquierdo, yo, disfrazada de La Muerte Segadora. *
Una niña de 9 años. La muerte. Qué bonito, qué bonito.
Este concurso no lo gané, pero lo importante es que el blanco ya está en la mira, no tiene donde esconderse.
La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada.
Ahora mismo pienso en el disfraz que voy a usar en la próxima fiesta de disfraces que tenga. No sé cuál será, pero ya he decidido que tendrá como principal accesorio un falo gigantesco. Así que, papá, si estás leyendo esto...
----------------------------------------------------------------------------------------
* Ah, en el centro, con indiscutible vocación de diva intergaláctica, Minaya (nada menos) representando a la Estatua de la libertad (otro disfraz confeccionado por mi padre).
Abandono la primera hipótesis hasta la madrugada en que me pinte fabricar una cosmogonía. Quedo al acecho, entonces, de alguna respuesta ante la pregunta por el sentido leporino de mi posible relato autobiográfico.
Si hay una cosa que expone a las personas es el disfraz. El acto de elección de un disfraz habla de vos con una claridad concreta, visible en cada pliegue de papel crep, en cada centímetro del plástico de cotillón. El disfraz, lejos de ocultar a la persona que lo usa, la descubre, la denuncia ridícula, escandalosamente.
La gordita con disfraz de colegiala quiere guerra, no hay nada que hacerle. El chabón que fue de jugador de fútbol necesita por un momento la atención de todos, un único momento en el que se confirme que Nosotros lo aceptamos; porque no, no podría soportar que se rían de él, que le digan "qué desubicado". Pasado ese momento de atención que lo redime, quiere tener perfil bajo. Por su parte, la divorciada que va de odalisca cree que está más buena de lo que su ex-marido pensaba. Etcétera.
Las fiestas de disfraces son el escenario elegido en el capítulo autobiográfico de hoy. Rastrear el devenir leporino de una existencia es, justamente, la caza de conejos que estamos iniciando.
.....
Cierto día en la colonia de vacaciones se convocó a una fiesta de disfraces que daría por concluido el verano .
Así es que la niña Anita tuvo que pensar de qué se disfrazaría. No lo dudó mucho, eligió el motivo del disfraz y su padre se lo fabricó. Aquel día lo lució con orgullo:

Entre los niños que charlan y juegan felices estoy yo, Anita Leporina, disfrazada de Cabina Telefónica.
Reflexionémoslo con la propiedad que el acontecimiento merece: YO ERA UNA FUCKIN` CABINA TELEFÓNICA.

¿Qué clase de niño elige un disfraz así?¿Qué idea pasaba por mi mente?¿Qué clase de padre construye para su niña tal artificio? (Esa respuesta la sé: uno muy groso).
Me acuerdo vivamente del calor. Me acuerdo del desfile de disfraces: de balancearme como si estuviera bailando, bailando en una caja. Mecer esa estructura a un lado y otro: un gesto de acercamiento al mundo.
Pero no fue todo soledad, recuerdo cierta interacción. Hubo quien se me acercó, agarró el tubo y, tras fingir que marcaba un número, jugó a que llamaba por teléfono. Yo, adentro de la caja, no sabía cómo reaccionar. Dejé que hiciera, desde mi tibia oscuridad.
En definitiva la pregunta es ¿Qué dice de mí ese disfraz?: ¿que me encantaba jugar y charlar con mis compañeritos? Obviamente, no (véase foto nº1).
En este punto creo que ya ingresé al corazón de la narrativa autobiográfica, la cual funciona en mi opinión a partir de un motor fundamental, el mandato al lector: Júzguenme!!!: ¿Soy normal?
Continúo con mi relato confesional a ver si se asoma la presa, la punta de unas orejitas blancas.
Gané el primer premio de ese concurso de disfraces. Quizá algún ex-compañero recuerde aún hoy el desfile, el balanceo de la cabina.
Años después, yo había mejorado mucho. Aquí me tienen a la edad de 9 años en otra fiesta de disfraces:

De derecha a izquierda: un gauchito, un vagabundo, la chilindrina con un globo, un hada, una hawaiana y en el extremo izquierdo, yo, disfrazada de La Muerte Segadora. *
Una niña de 9 años. La muerte. Qué bonito, qué bonito.
Este concurso no lo gané, pero lo importante es que el blanco ya está en la mira, no tiene donde esconderse.
La identidad leporina es una niña disfrazada de muerte; el devenir lepórido, una cabina telefónica sin cable a tierra, incomunicada.
Ahora mismo pienso en el disfraz que voy a usar en la próxima fiesta de disfraces que tenga. No sé cuál será, pero ya he decidido que tendrá como principal accesorio un falo gigantesco. Así que, papá, si estás leyendo esto...
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* Ah, en el centro, con indiscutible vocación de diva intergaláctica, Minaya (nada menos) representando a la Estatua de la libertad (otro disfraz confeccionado por mi padre).
domingo 8 de noviembre de 2009
Un alto en el estudio del Poscolonialismo
García haciendo zapping: "Hay demasiadas películas en el mundo que tienen que ajustar la verosimilitud de las escenas de lluvia."
Con la mirada fija en los bigotes de Robert Duvall, Orsi asiente: "Un género cinematográfico que suele amenizar la tarde de los domingos: las películas de poker."
Con la mirada fija en los bigotes de Robert Duvall, Orsi asiente: "Un género cinematográfico que suele amenizar la tarde de los domingos: las películas de poker."
domingo 1 de noviembre de 2009
Mischwesen kalé

Un mundo sin Shiloh es un mundo menos bello.
"Du stakkels lille havfrue har med hele dit hjerte stræbt efter det samme, som vi, du har lidt og tålt, hævet dig til luftåndernes verden, nu kan du selv gennem gode gerninger skabe dig en udødelig sjæl om tre hundrede år"
H. C. Andersen, "Den Lille Havfrue"
H. C. Andersen, "Den Lille Havfrue"
viernes 30 de octubre de 2009
El regreso del padre.
Se acaba la ausencia del padre después de un largo viaje. Minaya, Anita y su madre se liman las uñas en el living.
Se abre la puerta de entrada. Se asoman dos valijas gigantes y atrás, con un sombrero Philip Marlowe, Papá.
Las tres mujeres corren hacia la puerta, adelantan los brazos, separan los dedos; las uñas afiladas brillan: el esmalte de acrílico beige, rojo, negro. El hombre retrocede ante la estampida femenina, se cubre la cara con las brazos en cruz. Finalmente los separa estallando en ademán de arquero que está a punto de atajarle un penal al Enola Gay. Se oye el grito último:
"¡¡¡No les traje nada!!!"
Papá no da rebote.
Se abre la puerta de entrada. Se asoman dos valijas gigantes y atrás, con un sombrero Philip Marlowe, Papá.
Las tres mujeres corren hacia la puerta, adelantan los brazos, separan los dedos; las uñas afiladas brillan: el esmalte de acrílico beige, rojo, negro. El hombre retrocede ante la estampida femenina, se cubre la cara con las brazos en cruz. Finalmente los separa estallando en ademán de arquero que está a punto de atajarle un penal al Enola Gay. Se oye el grito último:
"¡¡¡No les traje nada!!!"
Papá no da rebote.
lunes 26 de octubre de 2009
Acápite weak end
Titic tiritititic
tirititic tic tic tic
tictictic TAC!
Anita bajó la cortina.
Ya volvemos con más de este blog tan bonitillo.
Escenas del próximo post: padre regresa - expectativas por regalos - And I am a material girl
tirititic tic tic tic
tictictic TAC!
Anita bajó la cortina.
Ya volvemos con más de este blog tan bonitillo.
Escenas del próximo post: padre regresa - expectativas por regalos - And I am a material girl
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Mientras tanto
Productores y reproductores (Trocóseme la educación en aprendizaje)
García estudia Literatura Latinoamericana.
Orsi avanza en la construcción de la Máquina del Tiempo. Con ella planea viajar a la Guerra de las Alpujarras y, disfrazada de morisco, matar a El Autor, justo antes de que empiece su gran obra.
"Muajaja" masculla Orsi retocando un dibujo sobre el margen que boceta el aparato.
"Dale, resumí esa fotocopia" ordena García mirándola por encima del hombro.
Orsi avanza en la construcción de la Máquina del Tiempo. Con ella planea viajar a la Guerra de las Alpujarras y, disfrazada de morisco, matar a El Autor, justo antes de que empiece su gran obra.
"Muajaja" masculla Orsi retocando un dibujo sobre el margen que boceta el aparato.
"Dale, resumí esa fotocopia" ordena García mirándola por encima del hombro.
lunes 19 de octubre de 2009
Touchée
A veces yo también encuentro la réplica perfecta:
"No te hagas la adolescente, que a vos el Ratón Pérez te dejaba australes"
"No te hagas la adolescente, que a vos el Ratón Pérez te dejaba australes"
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Ingenio de salón
sábado 17 de octubre de 2009
lunes 12 de octubre de 2009
Tragedia de la tortuga
Parte I: El incidente
Lunes 22 de junio, 14:30 hs.Papá cortó el pasto y mutiló a la tortuga, que agoniza. Pronóstico reservado. Y el pasto quedó desprolijo.
Lunes 22 de junio, 22:00 hs.
Último momento: tortuga muestra signos vitales a pesar de tremendísimo agujero en la capocha. Ampliaremos.
Parte II: Eppur si muove

La tortuga cercenada por la cortadora de césped. Nótese el detalle del pastito entre las tripas.
Escribe Anita Leporina:
Después de pedir primeras ("una placa metálica y cuatro tornillos -dijo mi hermano, el veterinario-....eso sí: nada de tormentas eléctricas") y segundas opiniones ("desinfección, antibiótico inyectable y parche con Poxilina"), albergo gran esperanza en mi núbil corazoncito de que el quelonio sobreviva si es que no hay lesiones internas.
Parte III: Lo que mata es la incertidumbre.
Escribe Anita Leporina en su diario:
La tortuga no se mueve. ¿Estará en coma? No sé cómo verificar sus signos vitales, el caparazón interrumpe la lectura del estetoscopio. Traté de tomarle el pulso, pero las garras son muy duras, tienen como miniazulejos. En la televisión, unos periodistas dicen que murió Michael Jackson, otros dicen que aún está vivo, que se recupera de un infarto. ¿Está muerta la tortuga? ¿Está muerto Michael Jackson?
Parte IV: No me cajoneen el cadáver de la tortuga.
Sábado 27 de junio, 18:00 hs.
Sin Hollywood ni pedofilia ni chimpancés, la tortuga murió. Funeral mañana.
Cierto es que, en primer lugar, me entristece la desparición física de mi mascota, a quien siempre recordaré en su mejor momento: defecando banda, metida en el sucuchito que queda entre las paredes de la pileta de fibra de vidrio y el pasto. Pero no cesan de angustiarme las versiones que se tejen a mi alrededor; me increpa el Señor Nahuel: "¿Podríamos estar hablando de una eutanasia? ¿Estrés producto de la fama?.... o es que acaso sacás esta noticia para desviar la atención y no mostrar los problemas reales que sufre la laucha que tenés".Parte V: Todas las tortugas van al cielo
Te fuiste una noche, descascarada, exhibiendo orgullosa tu herbívora alma. Se llevó tus restos de Bonobón a medio comer un chico de lindos dorsales, que agarró la bolsa del árbol y la encestó directo en el contenedor del camión. No habrá Ceamse ni Edén capaces de enterrarte en el olvido.
A-se-sino! A-se-sino! A-se-sino!

Anita L. y Minaya alimentando a la tortuga, en una época en la que no había pasto ni triviales tragedias domésticas.
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In memoriam
"Corazón" (1992-2009)
sábado 10 de octubre de 2009
Y Rodó no se lo merecía.
Si tuviera que elegir un lugar para que bauticen en mi honor con mi nombre después de que muera, elegiría un parque de diversiones.
martes 6 de octubre de 2009
Dice la Profesora García.
Hoy en el colegio me fue bastante bien. Me tiraron pocos bollitos de papel.
Di "El almohadón de plumas".
Claro, ya tengo un alumno favorito: el chico con labio leporino.
Di "El almohadón de plumas".
Claro, ya tengo un alumno favorito: el chico con labio leporino.
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Hacia la muerte
domingo 4 de octubre de 2009
Amor de madre
Passepartout entró en la adolescencia

Lamentablemente, a mí el nene sí me come.
Le perdono todo, menos que se haga brushing en el flequillo.
Lamentablemente, a mí el nene sí me come.
Le perdono todo, menos que se haga brushing en el flequillo.
martes 29 de septiembre de 2009
Última voluntad
Visto y considerando que nadie me quiere, procedo a morirme.
Pero eso sí: quiero mirar. Quiero ver mi funeral. Quiero chequear la satisfacción del lector de obituarios que busca muertos jóvenes en la página de necrológicas, la mediré por la distancia entre su cara y el diario, cada vez más cerca de los ojos. Quiero ser espectadora del arrepentimiento de quienes, pudiendo saludarme el día anterior con un afectuoso abrazo, sólo me dijeron "chau" o "hasta mañana".
Y les advierto que en el velorio voy a estar espiando. Cajón abierto, que quede claro de antemano, no por nada voy al dermatólogo y me hago baños de crema en el pelo cada fin de semana. Dejen el cajón cerrado para los feos o para los desfigurados por un tren. Después de haber cultivado esta prolija apariencia me parece que yo merezco un cajón abierto. Ah, y si consiguen mortaja con escote voy a estar agradecida, ¿puede ser en bordeaux? o de última en azul francia. Y si sólo hay blancas les voy a pedir que lleven mi cadáver hasta un "Sol pleno" para que me rocíen con el spray ese que te tiñe la piel de color bronceado. Fíjense que quede parejo, please. Y que me acomoden la cabeza en el ataúd medio mirando hacia arriba, no quiero dar con papada.
Las raíces -si hace mucho no iba a la peluquería a teñirme el pelo- déjenlas, no hay drama; tampoco quiero llenarlos de obligaciones, la idea es que tengan un buen recuerdo de mí y lloren por mi temprana muerte.
Ya les dije que en el velorio voy a estar chusmeando todo, así que nada de tristeza sobreactuada. Al que cuente un chiste o se ponga a hablar de otra cosa, no sé, la facultad o el partido del domingo, me lo llevo conmigo a la ultratumba. Sépanlo, se tienen que dedicar exclusivamente a mí, es mi funeral, la puta madre, no sean insensibles, son un par de horas en las que tienen que hablar de lo prometedor de mi futuro y la macana de que me haya muerto tan joven.
Necesito el llanto o cualquier manifestación del dolor de mi ausencia. Sí, es nostalgia de la experiencia de la muerte, de la experiencia de mi muerte en los otros y, por qué no, también en mí.
Quiero verme muerta. Quiero ver a los gusanitos comerse mis muslos. Ah, los aductores que tanto me costó modelar en spinning: disfrútenlos, muchachos.
El tema es que no sé cómo los voy a ver, el interior de un ataúd no debe ser muy luminoso. Mejor inhúmenme como a Blancanives, en una caja de cristal, y después me meten en una de esas casitas para los muertos que tienen puerta y ventanas. No me jode que la bóveda no sea de mi familia; pónganse las pilas y zarpen un lugar, revoleen el cajón de un estanciero que murió hace mil años y no le importa a nadie y pongan mi ataúd de cristal ahí; no les cuesta nada, piensen que esa será mi última morada. Voy a necesitar luz para admirar la descomposición de mi cuerpo. Háganme el favor.
¿Sería mucho pedir que aquel que siempre fue mi enemig@, el día de mi muerte, encargue una corona de flores con la leyenda "siempre te amé" y a continuación sus iniciales? Pienso que sería una interesante vuelta de tuerca, ¿no?
A los más cercanos les pido, por favor, que no tomen ningún calmante. Es imprescindible que manifiesten todo su sufrimiento plenamente. Desmayarse o entrar en convulsiones también sería un lindo detalle.
Tampoco me ofendo si quieren bautizar con mi nombre a uno de sus hijos.
En caso de que no consigan ataúd de cristal ni bóveda, les pido, si son tan amables, que se fijen bien cómo me van a sepultar. Sería un garrón si me entierran en una tumba imposible de abrir ya que en La Noche de los Muertos Vivos no voy a poder salir a comer cerebros como el resto de los zombis. Imagine: tenés toda la eternidad para estar muerto; una sola noche, que es TU noche, no la podés aprovechar y la pasás encerrado. Un bajón.*
En fin, tras mi muerte debe quedar claro que yo no quise ni quiero nada para mí. Mi causa es el regreso de las Kremocoas y la construcción de una sociedad sin clases.
Y aunque haya dejado en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes levantarán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria hasta no dejar en pie ni un ladrillo que no sea leporino.
.......................................................................................................
*Este sería un argumento muy ameno para una película de terror triste. "Drama de horror" podría ser el género.
Pero eso sí: quiero mirar. Quiero ver mi funeral. Quiero chequear la satisfacción del lector de obituarios que busca muertos jóvenes en la página de necrológicas, la mediré por la distancia entre su cara y el diario, cada vez más cerca de los ojos. Quiero ser espectadora del arrepentimiento de quienes, pudiendo saludarme el día anterior con un afectuoso abrazo, sólo me dijeron "chau" o "hasta mañana".
Y les advierto que en el velorio voy a estar espiando. Cajón abierto, que quede claro de antemano, no por nada voy al dermatólogo y me hago baños de crema en el pelo cada fin de semana. Dejen el cajón cerrado para los feos o para los desfigurados por un tren. Después de haber cultivado esta prolija apariencia me parece que yo merezco un cajón abierto. Ah, y si consiguen mortaja con escote voy a estar agradecida, ¿puede ser en bordeaux? o de última en azul francia. Y si sólo hay blancas les voy a pedir que lleven mi cadáver hasta un "Sol pleno" para que me rocíen con el spray ese que te tiñe la piel de color bronceado. Fíjense que quede parejo, please. Y que me acomoden la cabeza en el ataúd medio mirando hacia arriba, no quiero dar con papada.
Las raíces -si hace mucho no iba a la peluquería a teñirme el pelo- déjenlas, no hay drama; tampoco quiero llenarlos de obligaciones, la idea es que tengan un buen recuerdo de mí y lloren por mi temprana muerte.
Ya les dije que en el velorio voy a estar chusmeando todo, así que nada de tristeza sobreactuada. Al que cuente un chiste o se ponga a hablar de otra cosa, no sé, la facultad o el partido del domingo, me lo llevo conmigo a la ultratumba. Sépanlo, se tienen que dedicar exclusivamente a mí, es mi funeral, la puta madre, no sean insensibles, son un par de horas en las que tienen que hablar de lo prometedor de mi futuro y la macana de que me haya muerto tan joven.
Necesito el llanto o cualquier manifestación del dolor de mi ausencia. Sí, es nostalgia de la experiencia de la muerte, de la experiencia de mi muerte en los otros y, por qué no, también en mí.
Quiero verme muerta. Quiero ver a los gusanitos comerse mis muslos. Ah, los aductores que tanto me costó modelar en spinning: disfrútenlos, muchachos.
El tema es que no sé cómo los voy a ver, el interior de un ataúd no debe ser muy luminoso. Mejor inhúmenme como a Blancanives, en una caja de cristal, y después me meten en una de esas casitas para los muertos que tienen puerta y ventanas. No me jode que la bóveda no sea de mi familia; pónganse las pilas y zarpen un lugar, revoleen el cajón de un estanciero que murió hace mil años y no le importa a nadie y pongan mi ataúd de cristal ahí; no les cuesta nada, piensen que esa será mi última morada. Voy a necesitar luz para admirar la descomposición de mi cuerpo. Háganme el favor.
¿Sería mucho pedir que aquel que siempre fue mi enemig@, el día de mi muerte, encargue una corona de flores con la leyenda "siempre te amé" y a continuación sus iniciales? Pienso que sería una interesante vuelta de tuerca, ¿no?
A los más cercanos les pido, por favor, que no tomen ningún calmante. Es imprescindible que manifiesten todo su sufrimiento plenamente. Desmayarse o entrar en convulsiones también sería un lindo detalle.
Tampoco me ofendo si quieren bautizar con mi nombre a uno de sus hijos.
En caso de que no consigan ataúd de cristal ni bóveda, les pido, si son tan amables, que se fijen bien cómo me van a sepultar. Sería un garrón si me entierran en una tumba imposible de abrir ya que en La Noche de los Muertos Vivos no voy a poder salir a comer cerebros como el resto de los zombis. Imagine: tenés toda la eternidad para estar muerto; una sola noche, que es TU noche, no la podés aprovechar y la pasás encerrado. Un bajón.*
En fin, tras mi muerte debe quedar claro que yo no quise ni quiero nada para mí. Mi causa es el regreso de las Kremocoas y la construcción de una sociedad sin clases.
Y aunque haya dejado en el camino jirones de mi vida, yo sé que ustedes levantarán mi nombre y lo llevarán como bandera a la victoria hasta no dejar en pie ni un ladrillo que no sea leporino.
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*Este sería un argumento muy ameno para una película de terror triste. "Drama de horror" podría ser el género.
sábado 26 de septiembre de 2009
Alimento (Poética y Estética leporinas)
Mientras se sigan fabricando caramelitos para niños con envoltorios que expongan parásitos con forma de serpiente que chupan la sangre de otros seres vivos, Anita Leporina tendrá razones para ser feliz.

By anitaleporina at 2009-09-26

By anitaleporina at 2009-09-26
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Estudio de campo. Día 1.
domingo 20 de septiembre de 2009
Voodoo child
Amo a los zombis. Me encantan las películas de muertos vivos. Las miro con satisfacción desde chica.
Mi sueño es que alguna noche vengan los zombis y entonces atrincherarme en mi casa y agarrar una AK-40 y poner un spot que ilumine la vereda y verlos aparecer entre la oscuridad doblando la esquina del kiosco y pum! pum! pum! ir volándoles la cabeza uno a uno.
Mi sueño. Eso y la abolición de la propiedad privada de los medios de producción.
No puedo dejar de asociar a los zombis, los relatos sobre zombis, con algunos elementos de la realidad histórica en que sobreviví mi infancia. Las máquinas de humo, por ejemplo, las luces verdes o fucsia, que casi siempre son parte del decorado de las películas de zombis urbanas. La banda sonora llena de baterías electrónicas: a ese ritmo se mueven los muertos vivos. Escenario, coreografía, todo bien ochentoso.
Ya sé, el recuerdo no es gratuito ni arbitrario: la explosión del consumo y la producción de películas de zombis puede ubicarse a mediados de la década del `80 y a principios de los 90.
De todo el precipitado histórico de esta época, lo que con más claridad veo en las películas de zombis es el SIDA. El temor al contagio, al contacto con los cuerpos de los otros. El monstruo es la enfermedad, lo terrorífico es una infección que se libra en combate individual cuerpo a cuerpo. Una mordedura o cualquier penetración de un cuerpo infectado contagia, metamorfosea.
En general, en estas películas de nada sirve prender la radio o el televisor: los medios de comunicación no pueden ayudar, dan información falsa o confusa, o directamente han colapsado y hasta el último técnico del canal o cronista gráfico ha salido a la calle a morfar cerebros. También puede suceder que otros servicios colpasen, como el de alumbrado público (por eso sugiero que tengan a mano un buen spot o reflector si esa noche no quieren perderse el espectáculo de las vísceras descompuestas volando mientras cargan otro cartucho).
Lo curioso es que frente al silencio de los medios de comunicación en el caso de los zombis se impone el ruidoso machacamiento de los medios de comunicación en relación con el Sida. Recuerdo que cuando era chica, en los diarios, la radio y la televisión, todo era Sida. La presencia del tema era constante, cansadora. Por eso, cuando yo tenía cuatro años creía que la única forma de morir era de Sida, no había otra posibilidad.
La anécdota la conserva mi madre, gravada a fuego en su cerebro: el momento de estupefacción cuando, a la salida del jardín de infantes, las maestras de sus hijas se acercaron a preguntarle por las causas del reciente deceso del abuelo.
Tras la respuesta, las maestras no tardaron en justificar la curiosidad. Según asegura mi madre, los relatos de las horrorizadas mujeres fueron claros:
La maestra de sala amarilla, enterada de la muerte de mi abuelo, se me acerca para conversar:
Señorita Silvia: Tu abuelito murió de viejito, ¿no?
Anita: No, murió de Sida.
Paralelamente, en el aula de mi hermana, los niños juegan y charlan algremente en ronda bajo la supervisión cercana de la maestra, quien alcanza a registrar el siguiente intercambio:
Compañerito: ¿De qué murió tu abuelo, Agus?
Minaya: Lo cagaron a tiros.
sábado 12 de septiembre de 2009
Inventadora
"Che, me como el último sacrilegio" advirtió Minaya y mordió la factura de pan esponjoso por dentro y hojaldrado por fuera, con forma de bollito alargado, rellena de dulce de membrillo.
Así es mi hermana: brillante, fresca, reacia a la absolución sin porqués del uso sacramental del lenguaje.
¿Cómo no adorarla?
Así es mi hermana: brillante, fresca, reacia a la absolución sin porqués del uso sacramental del lenguaje.
¿Cómo no adorarla?
miércoles 9 de septiembre de 2009
Tesoros enterrados.
Arrodilladas frente al placard que archiva los objetos heredados de los muertos de mi familia, mi madre me mira con cara de madre.
Con gesto de madre veo que extrae del placard una pieza de vajilla de porcelana, que ella llama "sopera". Tomándola con ambas manos desde los extremos, en simétrico ademán, la apoya sobre su regazo. La postura de los cuerpos, el silencio, las miradas, todo adelanta y define el rito.
-Hija, quiero que conserves esto. Es una sopera muy antigua.
-Dejá, me arreglo con los tuppers.
-No. Esta es una sopera fínisima. Mi abuela se la dio a mi madre, mi madre me la dio a mí y yo quiero que la tengas vos.
-Pero yo nunca tomo sopa, ma.
-No es solamente para sopa. Podés dejarla como adorno en una repisa o como centro de mesa, podés usarla para ponerle flores.
-También se puede usar para poner el feto ahí cuando abortaste. Y lo enterrás directamente en el jardín.
-Sí, también sirve para eso.
Palabras clave: sopera - placard - repisa - centro de mesa - regazo - arconte del rol de género.
martes 8 de septiembre de 2009
Comunicado
Desde este blog repudiamos el despido de los 164 obreros perseguidos por Terrabusi, al tiempo que llamamos al proletariado a tomar las siguientes medidas:
Ocupación de la fábrica y puesta en funcionamiento bajo control obrero.
Planificación de la producción según las necesidades del pueblo.
Regreso de las Kremocoas a la cadena de producción.
Reparto gratuito de Kremocoas.

Pasando en limpio el menú de las tareas de clase, saluda con el puño en alto a todos los enemigos de la burguesía,
Comandante Anita Leporina.
Ocupación de la fábrica y puesta en funcionamiento bajo control obrero.
Planificación de la producción según las necesidades del pueblo.
Regreso de las Kremocoas a la cadena de producción.
Reparto gratuito de Kremocoas.

Pasando en limpio el menú de las tareas de clase, saluda con el puño en alto a todos los enemigos de la burguesía,
Comandante Anita Leporina.
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Praxis leporina
domingo 6 de septiembre de 2009
Sin repetir y sin googlear
Nombren un mariscal, que no sea Tito ni Perfumo.
(Rommel y Göring tampoco valen)
(Rommel y Göring tampoco valen)
miércoles 2 de septiembre de 2009
Brecha revocada.
De visita en la casa de mi abuela.
Me voy a la cocina a poner la pava para el mate. Dejo a la nona sola, en su dormitorio, con siete hernias de disco, varios microinfartos cerebrales en la historia clínica y un parquet resbaloso.
Tras prender la hornalla, me pongo a buscar la yerba y la bombilla; entonces escucho: "Anitaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!"
¿Se cayó y se quebró la cadera?¿Se le prendió fuego el pijama de plush? Horror. Mañana Clarín me dedica media página de policiales: Joven con la cabeza quemada debido a las noches de alcohol mata a su abuela para conseguir paco. Dice que fue un accidente. Y la palabra "descontrol" repetida tres o cuatro veces en el copete y el cuerpo de la crónica.
Corro hasta la habitación, abro la puerta. La veo sentada en su cama, con el pijama rojo.
NONA: Estaba pensando... creo que Rosas no fue tan malo después de todo. Lo que pasa es que la historia la escribieron los unitarios.
ANITA: Ese revisionismo te hace juego con el tono del pijama.
La abuela me mira esperando más o como si yo nunca hubiese hablado. Pienso, pienso; hallo la respuesta.
ANITA: Que viva la Santa Federación!
NONA: Mueran los salvajes, impíos unitarios!
La pava está haciendo ruido y vuelvo a la cocina. La abuela sonríe.
Me voy a la cocina a poner la pava para el mate. Dejo a la nona sola, en su dormitorio, con siete hernias de disco, varios microinfartos cerebrales en la historia clínica y un parquet resbaloso.
Tras prender la hornalla, me pongo a buscar la yerba y la bombilla; entonces escucho: "Anitaaaaaaaaaaaaaa!!!!!!!"
¿Se cayó y se quebró la cadera?¿Se le prendió fuego el pijama de plush? Horror. Mañana Clarín me dedica media página de policiales: Joven con la cabeza quemada debido a las noches de alcohol mata a su abuela para conseguir paco. Dice que fue un accidente. Y la palabra "descontrol" repetida tres o cuatro veces en el copete y el cuerpo de la crónica.
Corro hasta la habitación, abro la puerta. La veo sentada en su cama, con el pijama rojo.
NONA: Estaba pensando... creo que Rosas no fue tan malo después de todo. Lo que pasa es que la historia la escribieron los unitarios.
ANITA: Ese revisionismo te hace juego con el tono del pijama.
La abuela me mira esperando más o como si yo nunca hubiese hablado. Pienso, pienso; hallo la respuesta.
ANITA: Que viva la Santa Federación!
NONA: Mueran los salvajes, impíos unitarios!
La pava está haciendo ruido y vuelvo a la cocina. La abuela sonríe.
sábado 29 de agosto de 2009
Prioridades y reivindicaciones.
"El proyecto que ya cuenta con media sanción parlamentaria y que la Cámara de Senadores votará en septiembre no hará sino ampliar la brecha digital pero, especialmente, el abismo entre ricos y pobres" (Fuente)
?
Anita Leporina está hablando sobre esto:
http://www.flickr.com/photos/elaws/3805188529/in/pool-noalimpuestazo/
(en la foto, un pobre empresario que ya no puede despedir a sus empleados por Blueberry)
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Leporina y la opinión pública.
jueves 27 de agosto de 2009
La figura estelar del blog.
Anita Leporina tiene el orgullo de presentar a:
Passepartout

Aquí, saludando a su público.
Siete meses de vida. Soltero. 9 cm de altura. 6-4-6 cm sus medidas. Le encantan los cereales, el queso de máquina y hurgarse el ano con la trompa.

Un deportista. La esbeltez la hereda de mí, obviously. (Foto: Enzo Dinolfo)

Aquí está Passepartout en su antiguo dominio: una caseta clásica con techo a dos aguas. Interior tapizado con gamuza en tono anaranjado.
Aburguesado, según las malas lenguas, Passepartout ha ido incrementando sus bienes inmuebles:


Pass en su flamante propiedad.
Aquí, comprobando los herrajes de la puerta principal.
El amor tiene orejas redondas, bigotes y se revuelca en su propio estiércol.
La cola es lo más lindo.

En sus años mozos, enfrentando las cámaras.
Nunca una madre tuvo un hijo tan bello.
Passepartout

Aquí, saludando a su público.
Siete meses de vida. Soltero. 9 cm de altura. 6-4-6 cm sus medidas. Le encantan los cereales, el queso de máquina y hurgarse el ano con la trompa.

Un deportista. La esbeltez la hereda de mí, obviously. (Foto: Enzo Dinolfo)

Aquí está Passepartout en su antiguo dominio: una caseta clásica con techo a dos aguas. Interior tapizado con gamuza en tono anaranjado.
Aburguesado, según las malas lenguas, Passepartout ha ido incrementando sus bienes inmuebles:

Ya instalado, Pass disfruta de las comodidades de su nueva adquisición: un chalet con entrepiso e interiores en algodón azul.

Pass en su flamante propiedad.
Aquí, comprobando los herrajes de la puerta principal.
El amor tiene orejas redondas, bigotes y se revuelca en su propio estiércol.
La cola es lo más lindo.

En sus años mozos, enfrentando las cámaras.
Nunca una madre tuvo un hijo tan bello.
domingo 23 de agosto de 2009
Mi segunda palabra
Papá instaló su nuevo DVD
y rompió el Home Theatre
Papá cortó el pasto
y mutiló a la tortuga
(fue un domingo)
Papá fue a tirar la basura
y se abrió la frente de un golpe contra la mesada
(recuerdo especialmente el tajo
con vaguedad la sangre
que seguro brotaba y brotaba)
Papá quiso cambiar el cuerito de la canilla
y rompió el caño que inundó la casa
(porque brota también el agua)
Papá dijo "No lleves nada"
y la maestra pensó que yo era idiota
(era el primer día de clases de primer grado
y al ver las mochilas llenas de otros niños lloraba)
Papá podó el rosal
y después se dio la antitetánica
(arañacitos en las manos y un enfermero estafador)
Papá le pidió al afilador que afilara dos cuchillos
y le cobró doscientos pesos
(ese señor
que pasaba con la armónica,
ahora ya no pasa)
Papá se ofreció a lavar los platos
y le puso aceite a la esponja
(trascendencia del alma que el detergente ignora)
Papá manejaba en la ruta
y atropelló a un venado
(aunque era un perro, yo recuerdo
la cornamenta contra el parabrisas).
Pero
cuando para comer hay salchichas
salchichas solas, salchichas sin nada
papá va hasta el kiosco
y me compra la mostaza.
x
Anita Leporina y su padre.
y rompió el Home Theatre
Papá cortó el pasto
y mutiló a la tortuga
(fue un domingo)
Papá fue a tirar la basura
y se abrió la frente de un golpe contra la mesada
(recuerdo especialmente el tajo
con vaguedad la sangre
que seguro brotaba y brotaba)
Papá quiso cambiar el cuerito de la canilla
y rompió el caño que inundó la casa
(porque brota también el agua)
Papá dijo "No lleves nada"
y la maestra pensó que yo era idiota
(era el primer día de clases de primer grado
y al ver las mochilas llenas de otros niños lloraba)
Papá podó el rosal
y después se dio la antitetánica
(arañacitos en las manos y un enfermero estafador)
Papá le pidió al afilador que afilara dos cuchillos
y le cobró doscientos pesos
(ese señor
que pasaba con la armónica,
ahora ya no pasa)
Papá se ofreció a lavar los platos
y le puso aceite a la esponja
(trascendencia del alma que el detergente ignora)
Papá manejaba en la ruta
y atropelló a un venado
(aunque era un perro, yo recuerdo
la cornamenta contra el parabrisas).
Pero
cuando para comer hay salchichas
salchichas solas, salchichas sin nada
papá va hasta el kiosco
y me compra la mostaza.
x
Anita Leporina y su padre.
viernes 21 de agosto de 2009
Crítica molar. Hoy: "La nigromancia del poder: situación pauperizada de la vivienda y culpabilización de la víctima"
"La brujita Tapita vivía en un tapón
que no tenía puertas,
ni ventana, ni balcón.
(...)
Un día la brujita
quiso desaparecer
Mirándose al espejo contó 1, 2 y 3
Y cuando abrió los ojos no se vio
¿Saben por qué?
Porque la distraída se miraba en la pared."
Mentira.
Hay que desnudar la ideología de estos productos culturales tan dañinos para nuestros pequeños.
¿Saben por qué la brujita no se vio?
Porque esa situación de hacinamiento en una vivienda de condiciones inhumanas había repercutido en su salud mental y física.
Además, qué va a ver, si la residencia en cuestión no parece muy luminosa que digamos...
A mí no me causa gracia el hacinamiento de los otros, herejía aparte.
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crítica molar
jueves 20 de agosto de 2009
De cómo García fue bienvenida.
Este blog abre los brazos y recibe a García que, aunque vencida de brazos ajenos, viene vencedora de sí misma.
viernes 14 de agosto de 2009
Consulta de Orsi.
En esta imagen:

¿qué significa el dibujo del tipito en silla de ruedas?
¿Es que acaso los tullidos no pueden leer bien?

¿qué significa el dibujo del tipito en silla de ruedas?
¿Es que acaso los tullidos no pueden leer bien?
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el populus responde,
Orsi pregunta
Comunicado
García se fue a estudiar el Quijote.
Queda Orsi al mando del blog.
muajaja....
(la típica risa de Orsi)
Queda Orsi al mando del blog.
muajaja....
(la típica risa de Orsi)
(la típica ausencia de García)
sábado 8 de agosto de 2009
Segundones históricos.
1) Nito Mestre
2) Friedrich Engels
3) Buzz Aldrin
4) Ricardo Balbín
5) La Antigüedad romana.
6) Watson
7) Los cuatro hermanos Marx que no son Groucho
8) Carlos Altamirano
9) Abel, el hermano de Caín
10) Pièrre Curie
11) Gustavo Barros Schelotto
12) Álvar Fáñez.
13) El "Feliz, feliz en tu día"
14) Los chicles Bonky
15) Las hojas cuadriculadas
16)La ciudad de Montevideo
17) Los ¿cinco? latinos de Estela Raval
18) Menelao
19)Charlotte Brontë
20)Christopher Marlowe
21) El pato Lucas
22) Esparta
23) Jennifer Aniston
24) Luigi, el fontanero.
25) Juanita, ayudante de cocina.
26) El oso Bubu
27) C. S. Lewis
28) Quico
29) Garfunkel
30) El badén (respecto del "lomo de burro")
31) Lepera
32) El juego de Damas.
33) Esteno y Euríale (hermanas de Medusa)
34) Guillermo Vilas
35) La Pepsi
36) Don Segundo Sombra y Don Segundo Sombra
x
Agradecemos el aporte de: Gari, Bru, Lalaurette, Santiago, Charles Nusch, Sofi, Un menta, Lucas E, Agus L, la señorita Cattáneo, Facundo, Federico, Minaya, Natalí, Ica, Malena, Tommy B., Rob y don Andrés, especialista en el tema.
jueves 6 de agosto de 2009
Elegía cotidiana desde una teoría de la falta.
.
¿Dónde están los gnomos que me cabalgaban los talones?
¿Dónde están los gnomos que me cabalgaban los talones?
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críptica para romper las pelotas
domingo 2 de agosto de 2009
El corpiño con la cara de Trotsky
Mañana reinicio mi trabajo como promotora. A la mañana, con pantalón negro, botas negras y la remera que me toque de uniforme.
Siempre he querido que el oficio de "promotora" se mirase como algo digno. Es más: siempre quise que el colectivo "promotoras" fuese considerado, al igual que el resto de los trabajadores, sujeto revolucionario por excelencia. Ahí, con la gorrita y el stand enfrentándose a la burguesía, esbeltez de la lucha de clases.
Pero... he oído decir que la característica de la clase trabajadora es que genera plusvalía con su actividad. ¿Qué plusvalía genera una promotora?
¿Prestigio?
¿Excitación?
¿Sonrisas?
Si hubiera un reparto de plusvalía entre cada uno de los sujetos del mercado de trabajo, a los policías les tocaría represión; por eso no pueden considerarse "trabajadores" me han dicho.
¿Qué me tocaría a mí y a mis compañeras en este reparto redistributivo del plusvalor generado? ¿Un folleto? ¿Una galletita con paté?
Me voy a concentrar en lo inmediato, apelando a las tareas históricas de mi clase: al movimiento promotor le falta organización. Hay que gremializar. Un sindicato de promotoras es lo que hace falta. Vivimos en una precaria situación de sub-empleo, raras veces gozamos de garantías contractuales, continuidad temporal y ni hablar de aportes previsionales u obra social. ¿Es consciente esta sociedad del frío que se pasa con un catsuit en medio de una pista de carreras?
¿O de la alienante preocupación por constatar permanentemente la prolijidad del esmalte?

La del medio es amiga mía. Es copada, pero le falta conciencia de clase.
Nota mental para la "to do-list": promocionar la revolución socialista (yo quiero el stand del Programa de Transición)
Siempre he querido que el oficio de "promotora" se mirase como algo digno. Es más: siempre quise que el colectivo "promotoras" fuese considerado, al igual que el resto de los trabajadores, sujeto revolucionario por excelencia. Ahí, con la gorrita y el stand enfrentándose a la burguesía, esbeltez de la lucha de clases.
Pero... he oído decir que la característica de la clase trabajadora es que genera plusvalía con su actividad. ¿Qué plusvalía genera una promotora?
¿Prestigio?
¿Excitación?
¿Sonrisas?
Si hubiera un reparto de plusvalía entre cada uno de los sujetos del mercado de trabajo, a los policías les tocaría represión; por eso no pueden considerarse "trabajadores" me han dicho.
¿Qué me tocaría a mí y a mis compañeras en este reparto redistributivo del plusvalor generado? ¿Un folleto? ¿Una galletita con paté?
Me voy a concentrar en lo inmediato, apelando a las tareas históricas de mi clase: al movimiento promotor le falta organización. Hay que gremializar. Un sindicato de promotoras es lo que hace falta. Vivimos en una precaria situación de sub-empleo, raras veces gozamos de garantías contractuales, continuidad temporal y ni hablar de aportes previsionales u obra social. ¿Es consciente esta sociedad del frío que se pasa con un catsuit en medio de una pista de carreras?
¿O de la alienante preocupación por constatar permanentemente la prolijidad del esmalte?

La del medio es amiga mía. Es copada, pero le falta conciencia de clase.
Nota mental para la "to do-list": promocionar la revolución socialista (yo quiero el stand del Programa de Transición)
jueves 30 de julio de 2009
Crítica molar. Hoy: "La canción de la farolera"
Infancia. Esa etapa de la vida en la que reímos y jugamos, llenos de la más tierna inocencia. Sin embargo, son muchos los productos culturales con los que desde muy pequeños entramos en contacto. Son estas canciones, dibujitos animados, películas, cuentos, los que van forjando en nuestro cándido sistemita cognitivito una imagen del mundo que prevalecerá a lo largo de la vida. Por este motivo es necesario preguntarnos (si es que la crítica y el análisis cultural sirven de algo): ¿Qué canciones estamos enseñando a nuestros niños? ¿Qué valores y qué ideología las transuntan?
En la "Crítica molar" de hoy nos proponemos analizar "La canción de la farolera", destejiendo las suturas narrativas que velan una ideología funcional a la reproducción de lo hegemónico.
Todos la conocemos. Supimos cantarla con abuelas, madres y maestras. La reproduzco a continuación para refrescar la memoria de los lectores. Agrego entre paréntesis parte de la letra que no siempre ha tenido el privilegio de ser recordada por la tradición.
"La canción de la farolera"
La farolera tropezó
y en la calle se cayó
y al pasar por un cuartel
se enamoró de un coronel.
Alcen las barreras
para que pase la farolera.
(Ponga la escalera
y encienda el farol.
Después de encendido
se puso a contar
y todas las cuentas
salieron cabal)
Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis,
y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos.
Ay, niña bendita,
me arrodillo en vos.
La pieza se inicia de esta forma: "La farolera tropezó/ y en la calle se cayó". La farolera se cae en plena vía pública, frente a la mirada expectante del juicio social. Son estos iniciales y crípticos versos los que dejan confiada a la interpretación del lector la motivación de la caída. ¿En qué condiciones y bajo la influencia de qué clase de sustancia es que esta mujer tropieza? La elipsis permite la entrada de especulaciones que conducen a lo prohibido.
Pero no sólo se cae sino que además pasa por un cuartel. Allí es donde se enamora de un coronel. No de un cabo, no de un soldado raso, ni siquiera de otro farolero. No. Se enamora de un alto jerarca del ejército. De este modo, la protagonista no sólo aparece desde un principio como una vulgar "falopera" (perdóneseme la expresión) sino también como una "facha", una mujer conservadora que entabla relaciones estrechas con lo más reaccionario de nuestra sociedad. Y es esta alianza entre la institución que monopoliza la violencia estatal y una mujer dispuesta a todo por trepar escalafones la que se celebra con un canto. Militares, sexo y drogas en una canción para niños; a dónde irá a parar nuestra amada patria...
Volviendo al texto, ¿qué reacción acontece tras el romance consumado entre la farolera y el coronel? "Alcen las barreras/ para que pase la farolera". Los integrantes de las capas más bajas de las Fuerzas Armadas son compelidos a actuar en complicidad con su superior, contribuyendo a la reproducción de una organización verticalista y autoritaria. Por otro lado, el imperativo traduce una urgencia de orden sexual: "Alcen" es la palabra que da inicio al verso, abriendo así una diseminación de sentidos que nos conduce al campo semántico del erotismo. ¿Quién está "alzado"? No es otro que el coronel.
Tenemos hasta aquí, entonces, a una mujer, esta señora, denominada escuetamente con el apelativo de "la farolera" (mujer de la noche, claro está, cuándo si no se encienden los faroles) que, tras haber consumido una considerable cantidad de alcohol y/o estupefacientes, decide (o mejor: le pinta) mantener relaciones sexuales con un militar. La farolera en cuestión difunde en connivencia falocéntrica una conducta de género que el patriarcado ha impuesto a su cuerpo sexuado. El falocentrismo opresivo queda cifrado en la figura central de la canción: el farol. (Podríamos hablar entonces de "farolcentrismo").
¿Y qué decir de la anteúltima estrofa?: "Dos y dos son cuatro/ cuatro y dos son seis..." Pura pedagogía del opresor. Nuestros niños son educados en la cultura del más inhumano mercantilismo. La ideología burguesa penetra con toda su fuerza en estos versos que funcionan como interludio aleccionador entre la narración de la historia de la farolera y la coda final. ¿Qué tienen que ver los números, las sumas (valores de cambio despersonalizados y motivados por el afán de lucro), con el romance de la farolera? En palabras de Marx: en una sociedad capitalista, las relaciones interpersonales están determinadas por los intercambios comerciales. En este carnaval de fetichización de mercancías, se cosifican los sujetos. Todo se reduce a las viejas relaciones de producción. Con todo, la apropiación consciente de la matriz ideológica del capitalismo no se lleva a cabo sino tras la aceptación del mandato de clase ("Ponga la escalera /y encienda el farol"), traducida en conducta dócil: "Después de encendido/se puso a contar". Trabajadora sumisa, la farolera garantiza que se reproduzca con éxito el esquema de dominación.
En otro orden, los dos últimos versos son la frutilla del postre de nuestro banquete patrio. Hubo la corrupción, hubo la opresión de género, hubo la instauración del más salvaje capitalismo, hubo la presencia militar, ¿qué falta? Pues bien, la institución eclesiástica.
¿Quién dice "yo" en los últimos versos y a quién se le dice "vos"? No lo sabemos. Aflora la incertidumbre a la hora de fijar referentes concretos. Lo cierto es que de esta indeterminación emerge, mediante el vocativo, la figura de la niña ponderada como santa. El imaginario religioso se completa con la devoción materializada en gesto corporal: "Me arrodillo en vos".
En fin, elemento superestructural que garantiza la reproducción del orden dominante, "La canción de la farolera" es uno más entre tantos productos culturales que enseñamos a nuestros niños. ¿Son estos los valores que queremos transmitir?
--------Apéndice: Historia de la recepción de "La canción de la farolera"---------------
Haciendo un poco de historia de la recepción de esta obra, podemos mencionar un hito importante. En las épocas de la Resistencia Peronista la canción se resignificó, representando las relaciones entre Eva Duarte (la farolera) y Jotadé Perón (el coronel). Para aquellos lectores, el argumento inmortalizaba el momento en que Eva Duarte moviliza a las masas obreras del Conurbano Sur para dirigirse a Plaza de Mayo, exigiendo la liberación de su marido, retenido en la isla Martín García. Evita contabiliza los sindicatos que se adhieren al paro ("Dos y dos son cuatro/ cuatro y dos son seis" ) y que han decidido marchar en las calles para pedir la excarcelación de su venerado líder.
En la "Crítica molar" de hoy nos proponemos analizar "La canción de la farolera", destejiendo las suturas narrativas que velan una ideología funcional a la reproducción de lo hegemónico.
Todos la conocemos. Supimos cantarla con abuelas, madres y maestras. La reproduzco a continuación para refrescar la memoria de los lectores. Agrego entre paréntesis parte de la letra que no siempre ha tenido el privilegio de ser recordada por la tradición.
"La canción de la farolera"
La farolera tropezó
y en la calle se cayó
y al pasar por un cuartel
se enamoró de un coronel.
Alcen las barreras
para que pase la farolera.
(Ponga la escalera
y encienda el farol.
Después de encendido
se puso a contar
y todas las cuentas
salieron cabal)
Dos y dos son cuatro,
cuatro y dos son seis,
seis y dos son ocho
y ocho dieciséis,
y ocho veinticuatro,
y ocho treinta y dos.
Ay, niña bendita,
me arrodillo en vos.
La pieza se inicia de esta forma: "La farolera tropezó/ y en la calle se cayó". La farolera se cae en plena vía pública, frente a la mirada expectante del juicio social. Son estos iniciales y crípticos versos los que dejan confiada a la interpretación del lector la motivación de la caída. ¿En qué condiciones y bajo la influencia de qué clase de sustancia es que esta mujer tropieza? La elipsis permite la entrada de especulaciones que conducen a lo prohibido.
Pero no sólo se cae sino que además pasa por un cuartel. Allí es donde se enamora de un coronel. No de un cabo, no de un soldado raso, ni siquiera de otro farolero. No. Se enamora de un alto jerarca del ejército. De este modo, la protagonista no sólo aparece desde un principio como una vulgar "falopera" (perdóneseme la expresión) sino también como una "facha", una mujer conservadora que entabla relaciones estrechas con lo más reaccionario de nuestra sociedad. Y es esta alianza entre la institución que monopoliza la violencia estatal y una mujer dispuesta a todo por trepar escalafones la que se celebra con un canto. Militares, sexo y drogas en una canción para niños; a dónde irá a parar nuestra amada patria...
Volviendo al texto, ¿qué reacción acontece tras el romance consumado entre la farolera y el coronel? "Alcen las barreras/ para que pase la farolera". Los integrantes de las capas más bajas de las Fuerzas Armadas son compelidos a actuar en complicidad con su superior, contribuyendo a la reproducción de una organización verticalista y autoritaria. Por otro lado, el imperativo traduce una urgencia de orden sexual: "Alcen" es la palabra que da inicio al verso, abriendo así una diseminación de sentidos que nos conduce al campo semántico del erotismo. ¿Quién está "alzado"? No es otro que el coronel.
Tenemos hasta aquí, entonces, a una mujer, esta señora, denominada escuetamente con el apelativo de "la farolera" (mujer de la noche, claro está, cuándo si no se encienden los faroles) que, tras haber consumido una considerable cantidad de alcohol y/o estupefacientes, decide (o mejor: le pinta) mantener relaciones sexuales con un militar. La farolera en cuestión difunde en connivencia falocéntrica una conducta de género que el patriarcado ha impuesto a su cuerpo sexuado. El falocentrismo opresivo queda cifrado en la figura central de la canción: el farol. (Podríamos hablar entonces de "farolcentrismo").
¿Y qué decir de la anteúltima estrofa?: "Dos y dos son cuatro/ cuatro y dos son seis..." Pura pedagogía del opresor. Nuestros niños son educados en la cultura del más inhumano mercantilismo. La ideología burguesa penetra con toda su fuerza en estos versos que funcionan como interludio aleccionador entre la narración de la historia de la farolera y la coda final. ¿Qué tienen que ver los números, las sumas (valores de cambio despersonalizados y motivados por el afán de lucro), con el romance de la farolera? En palabras de Marx: en una sociedad capitalista, las relaciones interpersonales están determinadas por los intercambios comerciales. En este carnaval de fetichización de mercancías, se cosifican los sujetos. Todo se reduce a las viejas relaciones de producción. Con todo, la apropiación consciente de la matriz ideológica del capitalismo no se lleva a cabo sino tras la aceptación del mandato de clase ("Ponga la escalera /y encienda el farol"), traducida en conducta dócil: "Después de encendido/se puso a contar". Trabajadora sumisa, la farolera garantiza que se reproduzca con éxito el esquema de dominación.
En otro orden, los dos últimos versos son la frutilla del postre de nuestro banquete patrio. Hubo la corrupción, hubo la opresión de género, hubo la instauración del más salvaje capitalismo, hubo la presencia militar, ¿qué falta? Pues bien, la institución eclesiástica.
¿Quién dice "yo" en los últimos versos y a quién se le dice "vos"? No lo sabemos. Aflora la incertidumbre a la hora de fijar referentes concretos. Lo cierto es que de esta indeterminación emerge, mediante el vocativo, la figura de la niña ponderada como santa. El imaginario religioso se completa con la devoción materializada en gesto corporal: "Me arrodillo en vos".
En fin, elemento superestructural que garantiza la reproducción del orden dominante, "La canción de la farolera" es uno más entre tantos productos culturales que enseñamos a nuestros niños. ¿Son estos los valores que queremos transmitir?
--------Apéndice: Historia de la recepción de "La canción de la farolera"---------------
Haciendo un poco de historia de la recepción de esta obra, podemos mencionar un hito importante. En las épocas de la Resistencia Peronista la canción se resignificó, representando las relaciones entre Eva Duarte (la farolera) y Jotadé Perón (el coronel). Para aquellos lectores, el argumento inmortalizaba el momento en que Eva Duarte moviliza a las masas obreras del Conurbano Sur para dirigirse a Plaza de Mayo, exigiendo la liberación de su marido, retenido en la isla Martín García. Evita contabiliza los sindicatos que se adhieren al paro ("Dos y dos son cuatro/ cuatro y dos son seis" ) y que han decidido marchar en las calles para pedir la excarcelación de su venerado líder.
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crítica molar
martes 28 de julio de 2009
jueves 23 de julio de 2009
Correspondencia doméstica.
Cuando mi madre se va de viaje y yo quedo sola en la casa, suele darme algunas indicaciones que considera pertinentes.
Dicen que las madres son los seres que mejor nos conocen. ¿Qué conclusión tengo que sacar sobre mi persona tras leer los carteles que esta mujer dejó sobre la mesada antes de partir?
Transcribo literalmente algunas de estas anotaciones:
" ¿Olor feo en la cocina? --------) Sacar basura!"
"Para limpiar ---------) usar trapo Valerina"
Seriamente: ¿Con qué piensa esta mujer que voy a limpiar la mugre? ¿Con una carpetita tejida al crochet? ¿Con la bufanda de papá? ¿Con Passepartout acaso?
Y con respecto al olor y la basura, ¿considera mi madre que padezco alguna lesión cerebral que me impide concatenar lógicamente la serie causa-consecuencia?
Las madres deben tener las más extrañas fantasías acerca de lo que hacen los hijos cuando ellas no están presentes o cuando estos vuelan del cálido y pulcro nido maternal. La preocupada madre imagina que, ni bien haya echado llave a la puerta de casa, su hijo de veintipico de años y quizá flamante abogado estará metiendo la mano en el ventilador de techo o escarbando en el enchufe con un tenedor.
En fin, todo esto me recuerda a un cartel que mi hermana, Minaya Garcí Pochita, dejó para mi madre hace muchos años. Lo conservé hasta hoy y lo escaneé:

Nada que ver con lo que venía diciendo, pero es un lindo recuerdo familiar, ¿no?
Dicen que las madres son los seres que mejor nos conocen. ¿Qué conclusión tengo que sacar sobre mi persona tras leer los carteles que esta mujer dejó sobre la mesada antes de partir?
Transcribo literalmente algunas de estas anotaciones:
" ¿Olor feo en la cocina? --------) Sacar basura!"
"Para limpiar ---------) usar trapo Valerina"
Seriamente: ¿Con qué piensa esta mujer que voy a limpiar la mugre? ¿Con una carpetita tejida al crochet? ¿Con la bufanda de papá? ¿Con Passepartout acaso?
Y con respecto al olor y la basura, ¿considera mi madre que padezco alguna lesión cerebral que me impide concatenar lógicamente la serie causa-consecuencia?
Las madres deben tener las más extrañas fantasías acerca de lo que hacen los hijos cuando ellas no están presentes o cuando estos vuelan del cálido y pulcro nido maternal. La preocupada madre imagina que, ni bien haya echado llave a la puerta de casa, su hijo de veintipico de años y quizá flamante abogado estará metiendo la mano en el ventilador de techo o escarbando en el enchufe con un tenedor.
En fin, todo esto me recuerda a un cartel que mi hermana, Minaya Garcí Pochita, dejó para mi madre hace muchos años. Lo conservé hasta hoy y lo escaneé:

Nada que ver con lo que venía diciendo, pero es un lindo recuerdo familiar, ¿no?
Formación traumática de una mujercita dulce como yo.
He visto dibujos animados para pedófilos.
He visto imágenes de relaciones zoofílicas.
He visto de qué se trata la hiperlaxia anal.
He visto asesinatos seriales.
He visto cuanta cosa vomitiva hay en la web. Pero lo ominoso, lo insoportoble, lo que nunca puedo terminar de ver, es aquello que traumó mi pequeño cerebro preadolescente:
"¿Qué me está pasando?"
El infierno, hecho video progre-didáctico para el consumo de las masas púberes.
He visto imágenes de relaciones zoofílicas.
He visto de qué se trata la hiperlaxia anal.
He visto asesinatos seriales.
He visto cuanta cosa vomitiva hay en la web. Pero lo ominoso, lo insoportoble, lo que nunca puedo terminar de ver, es aquello que traumó mi pequeño cerebro preadolescente:
"¿Qué me está pasando?"
El infierno, hecho video progre-didáctico para el consumo de las masas púberes.
viernes 17 de julio de 2009
Las cosas que veo por ahí. Hoy: "La muerte"
Hoy me desperté pensando en la muerte. En realidad, pensando en mi abuela, de 89 años, que cada día tiene más sueño, más problemas de salud y pasa más tiempo en la cama.
Me llené de bronca cuando pensé en la vejez representada por las películas de Hollywood. Y me refiero a la vejez no como estado sino como introducción a la muerte. Ese momento de vejez en la cama, el momento que está ahí nomás de la muerte. Pensaba en la muerte como proceso; en el final de la vida.
En las películas, en la literatura también, el moribundo hace un balance, organiza su vida, se deja morir en armonía. Me acuerdo de "El gran pez", por ejemplo, o la muerte del Quijote. La muerte sosegada, racional. El final de la vida donde el moribundo acepta su fin, lo espera con los brazos abiertos, dejando atrás lo que vivió como una habitación ordenada, prolija, con los cajones cerrados. La muerte tranquila, tranquilizadora para los vivos que miramos (siempre se mueren los otros).
Mentira.
Mentira que la espera y la llegada de la muerte es tan armoniosa, festiva, tranquila.
Mi abuela me dice: "No pudo creer que tenga casi 90 años. Cuando pienso en mí me imagino como a los 30, como a los 40 años. Después veoc ausalmente mi imagen en el espejo y no puedo creer que sea yo esa vieja fea, decrépita en el espejo. No quiero morirme, desperdicié mi vida. No me quiero morir. Daría cualquier cosa por ser joven de nuevo."
Nos morimos desesperados, ridículos. Nos morimos como una rata ahogándose adentro de un balde lleno de agua. Pataleando, no aceptamos, nos golpeamos contra las paredes del balde, queremos salir hasta el último minuto, queremos vivir. La muerte nos encuentra a nosotros irracionales, espásticos, caprichosos, desesperados.
¿Qué le respondo a mi abuela cuando me dice que no quiere morirse?
A la noche se niega a dormir, teme morir mientras está dormida. Tiene terror de que todo se termine ahí, sin la banda sonora correspondiente que le advierta que se acerca la escena final.
Me llené de bronca cuando pensé en la vejez representada por las películas de Hollywood. Y me refiero a la vejez no como estado sino como introducción a la muerte. Ese momento de vejez en la cama, el momento que está ahí nomás de la muerte. Pensaba en la muerte como proceso; en el final de la vida.
En las películas, en la literatura también, el moribundo hace un balance, organiza su vida, se deja morir en armonía. Me acuerdo de "El gran pez", por ejemplo, o la muerte del Quijote. La muerte sosegada, racional. El final de la vida donde el moribundo acepta su fin, lo espera con los brazos abiertos, dejando atrás lo que vivió como una habitación ordenada, prolija, con los cajones cerrados. La muerte tranquila, tranquilizadora para los vivos que miramos (siempre se mueren los otros).
Mentira.
Mentira que la espera y la llegada de la muerte es tan armoniosa, festiva, tranquila.
Mi abuela me dice: "No pudo creer que tenga casi 90 años. Cuando pienso en mí me imagino como a los 30, como a los 40 años. Después veoc ausalmente mi imagen en el espejo y no puedo creer que sea yo esa vieja fea, decrépita en el espejo. No quiero morirme, desperdicié mi vida. No me quiero morir. Daría cualquier cosa por ser joven de nuevo."
Nos morimos desesperados, ridículos. Nos morimos como una rata ahogándose adentro de un balde lleno de agua. Pataleando, no aceptamos, nos golpeamos contra las paredes del balde, queremos salir hasta el último minuto, queremos vivir. La muerte nos encuentra a nosotros irracionales, espásticos, caprichosos, desesperados.
¿Qué le respondo a mi abuela cuando me dice que no quiere morirse?
A la noche se niega a dormir, teme morir mientras está dormida. Tiene terror de que todo se termine ahí, sin la banda sonora correspondiente que le advierta que se acerca la escena final.
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las cosas que veo por ahí
jueves 16 de julio de 2009
Bases y condiciones de mi vida.
No sin sonrajarme lo admito: soy fanática de los concursos.
Rifas, sorteos... llenando formularios de inscripción se me va la vida.
Nunca gano nada importante y no porque desconfíe de la integridad de los escribanos públicos.
¿Cuándo nacerá el susano que no deje escapar mi carta entre sus dedos?
¿Qué tono de tintura tendrá la secretaria de Sofovich que dé vuelta el panel con mi premio?
Alea jacta est.
Una vez me gané un pollo congelado. Se sorteaba un reproductor de DVD. Lo ganó una mujer sin dientes. Pero todas las sonrisas fueron felices. Yo llegué a mi casa, llevaba en andas al pollo. "We are the champions": me limpiaba con el hombro las gotitas de la frente. Se estaba descongelando . Fue un lindo día.
Alea jacta est.
Pero también tuve mi cruzada. El barón Unilever presentaba, a través de su heraldo don Cif cremoso, una promoción conmovedora: un aire acondicionado, un horno microondas y una aspiradora. Parí un batallón concursante: excompañeros de primaria, profesores de Tae Kwon-Do, usuarios de Yahoo inventados, todos participaban aumentando al infinito mis probabilidades de ganar. No podía perder.
El día del sorteo entré a la página web con el corazón en la boca. Foto de los tres justos y honestos ganadores: el Sr. Uniléverez abrazando su aspiradora, Monsieur Unileverais sonriendo con su nuevo aire acondicionado, Herr Unileverbush llevando a casa su hornito LG.
Alea jacta est.
Completo todos los cupones con letra clara y prolija
maniobro con pulso de cirujano el develamiento de la raspadita
llamo a todos los 0800 que hay que marcar
¿por qué no puedo ganar?
Alea jacta est.
Ahora armo discursos anti-global worming para Wal-Mart. Me arrodillo a los pies del Imperio a ver si me tira una Nintendo Wii, una esperanza, una sonrisa con caries de Vietnam.
Abajo de la tapita está el agujero sin principio.
La clave del sticker será la lengua de Dios;
mi epitafio,
los últimos seis dígitos del código de barras de mi vida.
La hora del envase es la del juicio final.
martes 14 de julio de 2009
Fashion sicknesses

A nosotros, heraldos de la moda y el buen gusto, no se nos escapa detalle. Siempre regios y glamorous, queremos estar a la avant-garde de las tendencias estéticas. En esta oportunidad, aprovecho para dejarles algunos consejitos fashion para que tengan en cuenta a la hora de contraer enfermedades.
El cáncer: Un clásico que queda bien en cualquier ocasión. Como el color negro, nunca pasa de moda.
Los que prefieran una onda vintage pueden acudir a la tuberculosis. Su temporada es el invierno; de este modo, podemos lucir blazers de colores oscuros que contrasten con la palidez de la piel. El negro y el azul son ideales, ya que quedan fantásticos como fondo que combina con la sangre escupida.
La gripe A: Hasta hace unas semanas estaba super in, recién importada de Miami. Ahora es más cualunque. Como los estiletos: antes eran tendencia y ahora se los pone cualquier negrita.
Infarto cardíaco: Es de gente bien, pero carece de onda.
Mal de chagas: Enfermedad groncha si las hay. Cosa de negros (pero negros de alma, claro, no como Lenny Kravitz que es un divino).
Fiebre amarilla: Si la contrajiste este enero en las playas brasileras, felicitaciones, sos puro glamour. Con esta enfermedad estarás radiante. Si te la pescaste en Paraguay o Bolivia, no deberías estar leyendo esto porque seguro sos un negroide analfabeto que contrabandea droga a nuestra patria y destruye a la juventud.
Dengue: Es como el reggaeton. Se puede coquetear con él, pero estar todo el día con eso es una berreteada. Da para preocuparse y mencionarlo en las conversaciones, no para contraerlo. Es de villas y hippies mugrientos.
Cólera: Super out. Lo más grasa que existe. Es de cabezas y da diarrea. Comparable con usar camperitas Adidas de las azules con las tres lineas blancas. Una gronchada.
El Sida: Este es un tema complejo. Dependiendo de cómo se lo combine, puede ser muy cool o muy disgusting. Se recomienda acompañarlo con alguna profesión artística: cantante, músico, fotógrafo, pintor, escritor. Y por supuesto con hábitos homosexuales. A las mujeres les sienta bien con profesiones de riesgo: enfermeras en Somalia y....eso. No se me ocurre otro match. Límitense a estas posibilidades.
Lepra: Elegante y exótica, es una enfermedad que da status porque es síntoma de haber viajado al extranjero. Pero atención, con la lepra pasa como con las extensiones de cabello. No basta con ir y clavártelas. Después tenés que trabajar sobre ellas y mantenerlas día a día. Es muy importante, en el caso de la lepra, ir seleccionando cuidadosamente los fragmentos de cuerpo que vamos a desechar. Lo primero es la nariz, hay que limarla de a poco, hasta que quede chiquita y respingada. Lo mismo con la cintura y las caderas. Vamos descartando primero esas partes indeseables. El resultado de seguro será un look matador.
Malaria: El ejemplo perfecto de que lo tropical es, por excelencia, vulgar. Sin excepciones (bueno, se acepta Celia Cruz para bailar en algún casamiento, pero las camisas floreadas, la cumbia y las maracas están -y siempre estarán- out). Para más información, remitirse al dengue.
Tendencias que se vienen:
Hepatitis: Conveniente para la temporada primaveral, ya que modelará tu figura permitiendo que para el verano te quede redivino el traje de baño para lucir en Punta. Además, la coloración amarilla te va a ir acercando al tono bronceado que para diciembre hay que alcanzar sí o sí. El tipo más cool es el G.
Polio: La versión argentina y actual del fenómeno fashion "Jackie Kennedy style". Va estar bueno si no te vacunás!
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