-séptima temporada-

domingo, 21 de octubre de 2012

El capítulo que Anita Leporina nunca quiso escribir


Ya está por empezar "No sabía que estaba embarazada", nuestro programa preferido de TV, así que me apuro para ir a lo de mi abuela Juana, que vive a tres cuadras.
Toco timbre (con la manga del buzo cubriendo el dedo, como me enseñó Juana, porque quién sabe dónde puso la mano el que tocó eso antes) un par de veces pero no hay respuesta. Qué raro.
podría estar bañándose / podría estar en un delirium tremens de lemoncello o grapamiel / podría estar con domenico modugno a todo volumen mientras juega a la escoba del 15 contra sí misma / podría ser grave

Entonces la veo. En esta esquina no, en la otra, cruzando la calle en dirección al terraplén. Su cuerpo frágil temblando a cada paso, pero se aleja.
Corro. Muy rápido.
Nunca sale sola.
La alcanzo enseguida, a la altura de esa casa de sepelios que nos gusta tanto, no entiendo nada, la agarro del brazo:

-Abuelaaa.
-Eh, hola, Anita.
-Nonna! a dónde vas?
-Al semen.
-¿¿A dónde, abuela??!
-Al cemen.... al cemen-terio, jiji.
-Ah, sí, jaja... Y a quien entierran?
-Bueno, la verdad... a mí.
-What???
-Porque así no molesto a nadie, simplemente me voy, fush!
-No se te ocurra, nonne!
-Anita, no llores, ya nos encontraremos otra vez
-¿En el cielo?
-Qué? No, en la tierra, los gusanos habrán comido nuestra piel, ojos, nuestras partes gordas. 
-Vos sos mi persona favorita del mundo, abuela, quedate acá. Por favor.
-Yo ya viví muchos años. Algún día vos serás abuela y tendrás tus nietos y vas a tener que irte también. Ahora tengo que tomarme el tranvía, el que va al cementerio.
-El tranv-?, no, mirá, abuela, el tranvía ya no...
-Sí, derechito al cementerio. Ese mismo. Ah, y no quiero que pierdan tiempo en venir a traerme flores. Para mí lo importante es lo que se hace en vida, qué importa cuando una ya... bueno, tal vez unas rosas en mi cumpleaños, en mi santo, en año nuevo... por qué no una participación a doble página en La Nación, y que se junten cada tanto para homenajearme. Tampoco estaría mal ponerle mi nombre a alguna...
-¿Por qué no te quedás un poquito más conmigo? Hoy se juega una final de rugby, el centro está lleno de turistas, vamos a pedir monedas y después nos compramos algo rico, diclofenac, bagohepat, un clonazepam, tetralgin, una buena botella de vaselina...
-Hemos amenizado muchas veces este lugar tan tedioso, Anita. La pasamos regio. Pero es el fin del programa. Vos empezás uno nuevo ahora. Sola. Es para que sigas adelante. Yo me tengo que ir.  
-A mí me gustaba ser nieta, ya no soy más nieta de nadie ahora, abuela.

-Mandi, ninine me.
-...Mandi, nonne.


Me quedé mirando cómo te alejabas. Doblaste la esquina, desapareciste.

Abuela: cada vez que te recuerdo tengo que respirar profundo para que acordarme de vos no me duela tanto.





Juana Bautista
(11/08/1920 - 21/10/2011)


      o no voi dismenteâ mai di te




4 comentarios:

Julián dijo...

Llega un día en que a veces hay que escribir cosas que nos duelen. Precioso texto Anita!

Welshire dijo...

Chaa... que bajón. Pero en honor a tu none, me niego a comentar nada triste.
Hay tribus en el amazonas, donde creen que los abuelos le pasan el alma a los nietos, y por eso no pueden vivir todos al mismo tiempo.
Viste cómo los viejos demuestran que el alma no envejece?

Rob K dijo...

Maravillosa forma de contarlo.

Nicolás Giraldi dijo...

Hermoso texto, los abuelos son una cosa especial y la tuya parecia excepcional =)